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La Universidad

Saludo del Gran Canciller

Te acercas, vienes o ya te encuentras en la Universidad Católica “San Vicente Mártir”, de Valencia. La Universidad lleva en su entraña, dentro de sí, una vocación de servicio a la humanidad, centrar su atención y su preocupación en el hom­bre, la búsqueda de su verdad en la pasión y gozo por la verdad, el empeño en su promoción y desa­rrollo, el respeto de su dignidad y sus derechos.

Vivimos hoy momentos particularmente importan­tes para el futuro de la Universidad y para el cumpli­miento de su vocación humanista en los comienzos todavía del segundo Milenio. La Universidad, que nació en la época medieval con el impulso decisivo de la Iglesia Católica, necesita hoy replantearse su papel y su función ante la difusión, cada vez más vasta y articulada, de los campos de investigación. Es preciso hacer frente a las exigencias y a los ries­gos de un saber cada vez más especializado y frag­mentado, a las difíciles aplicaciones de tecnologías cada vez más complejas y a las nuevas cuestiones, delicadísimas y cruciales, en las que se pone en juego la concepción misma de la vida.

Es necesario poner los valores del hombre y de la vida en el centro de las preocupaciones científicas y educativas de la Universidad. Sabemos muy bien que el saber, separado de su arraigo antropológico y ético, se vuelve contra el hombre y se convierte en instrumento de decadencia; en cambio, a la luz de la verdad integral, se muestra como condición in­dispensable de progreso auténtico.

Para nada o para muy poco valdría la presencia de medios e instrumentos culturales, incluso los más prestigiosos, si no estuviesen acompañados de una clara visión del objetivo esencial de la Universidad que es la formación global de la persona humana, considerada en su dignidad constitutiva y originaria, así como en su fin. La sociedad pide a la Universidad no sólo especialistas doctos en sus campos espe­cíficos del saber, de la cultura, de la ciencia y de la técnica, sino sobre todo constructores de humanidad, servidores de la comunidad de hermanos, promotores de la justicia porque están orientados a la verdad. La causa del hombre será realmente atendida y servida si la ciencia se une y vincula a la conciencia; el hombre de ciencia ayudará verdaderamente a la humanidad si conserva el sentido de la trascendencia del hombre sobre el mundo y de Dios sobre el hombre.

Sabemos cómo la Iglesia comparte con la Universidad, salida de su corazón, esta misma solicitud primera y principalísima por el hombre, en toda su verdad, en su plena dimensión. Toda la solicitud pastoral de la Iglesia está empeñada en que el valor y dignidad del hombre se realicen plenamente tal y como es querido por Dios y se ha hecho presente en Jesucristo, venido al mundo para dar testimonio de la verdad, la verdad del hombre: “He aquí al hom­bre”. La Iglesia no tiene otra riqueza ni ninguna otra palabra que ésta: “Jesucristo, Redentor del mundo, Aquel que ha penetrado de modo único e irrepetible en el misterio del hombre y ha entrado en su corazón. Cristo sabe lo que hay dentro del hombre, en el corazón del hombre. ¡Sólo Él lo sabe!” (Juan Pablo II). Como señala el Vaticano II, “en realidad el miste­rio del hombre se esclarece en el misterio del Verbo encarnado… Cristo, el Nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del padre, manifiesta plenamente al hombre el propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (GS 22). Ésta es la base en la que se sustenta y desde la que se organiza y funciona la Universidad Católica “San Vicente Mártir”, de Valencia.

A Partir de Jesucristo podemos comprender mejor y contemplar más ampliamente el estu­por y la grandeza del ser hombre y de las capacidades que en Él ha plasmado el Creador. Así, la Iglesia no puede ser indiferente a todo aquello que hace latir el corazón del hombre, esto es, a todas sus inquietudes, a todas sus empresas y a todas sus esperanzas: la bús­queda de la verdad, la insaciable necesidad del bien, el hambre de la libertad, la nostalgia de lo bello, la voz de la conciencia. Por todo ello, Iglesia y Universidad se encuentran en lo más vivo de la misión de ambas y están llamadas a colaborar estrechamente. Iglesia y Universidad no pueden ni deben, por ello, sentirse ni ser extrañas, sino vecinas y aliadas. Es el mensaje constante de las enseñanzas de los últimos Papas, particularmente de San Juan Pablo II en su Carta Encíclica “Fides et Ratio”, donde muestra cómo la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad; o de la Encíclica del Papa Benedicto, “Caritas in Veritate”, o la del Papa Francisco “Laudato sí”, llamada a ejercer un notable y grande influjo en toda la sociedad, por tanto, en nuestra Universidad.

Con mis mejores deseos para todos, mi afecto y mi ánimo; que esta Universidad ayude a cuantos se acerquen a ella

+ Antonio Cañizares Llovera

Cardenal Arzobispo de Valencia y Gran Canciller de la Universidad