Declaración de Eberbach

El Espacio Europeo de Educación Superior nacido en Bolonia busca una refundación asentada en valores éticos

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El Espacio Europeo de Educación Superior nacido en Bolonia busca una refundación asentada en valores éticos

La Universidad Católica de Valencia (UCV) está implicada en proyectos europeos de gran calado, como Conexus. En virtud de esa visibilidad que está adquiriendo, el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) y la Asociación de Cooperación Académica (ACA) se han dirigido al Rector, José Manuel Pagán, para invitar formalmente a la UCV a sumarse a un grupo de expertos para dirimir distintas controversias en relación con los valores en el espacio Europeo de Educación Superior (EEES).

El objetivo ha sido dilucidar qué pueden aportar las universidades en este campo, examinando si las universidades europeas aspiran a la excelencia o, más bien, quedan difuminadas en un ambiente donde priman el relativismo cultural, el subjetivismo ético a gran escala, donde no hay referentes últimos, domina el mero pragmatismo y la preocupación por las personas queda orillada.

En ese contexto, el Decano de la Facultad de Filosofía, Letras y Humanidades, Ginés Marco, ha acudido por delegación del Rector a un foro celebrado en una abadía cisterciense cercana a Frankfurt, en el corazón de Alemania, en el que han participado rectores, vicerrectores y presidentes de observatorios de toda Europa, entre otros académicos.

En la siguiente entrevista, Marco comparte las conclusiones de dicho encuentro, en el que se han sentado las bases de un manifiesto que acaba de ver la luz y que se va a publicar en distintos idiomas a nivel internacional.

¿La Declaración de Eberbach es una declaración de intenciones, un eslogan, o ciertamente es un logro para la Universidad europea?

Hay aspectos de los que se prescindió porque no eran convenientes, otros que pudieron estar no aparecen… Se ha llegado a una solución transaccional. Aun así, dentro de la transacción que ha habido que hacer por unos y por otros hay un aspecto ciertamente relevante y es que la verdad no se reduce a conformación de mayorías.

Y este tema es de enorme calado hoy, porque la verdad está en cuestión porque la verdad en minúscula subyuga a la Verdad en mayúsculas, interfiere permanentemente y la eclipsa cuando debería ser al revés.

Precisamente porque predomina el fraude, la corrupción y el oportunismo es todo un logro, y que se haga en Europa, también lo es. Pese a las distintas procedencias, los participantes hemos coincidido en que la Universidad europea no puede desentenderse de la auténtica crisis de valores en la que estamos inmersos.

¿Qué carencias han detectado en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES)?

Entre otras, que hay universidades tentadas en dejarse llevar, en obsesionarse en conseguir alumnos, en que cuadren las cifras e incluso en congraciarse con el poder político si la universidad depende de la financiación pública o de una gran empresa. Así, no se distingue qué es empresa o Estado, según los casos, y qué es universidad.

De este modo, la instancia promotora de la cultura, que es la universidad, aparece maniatada por intereses económicos muchas veces inconfesables. Y en este escenario, es fundamental que los académicos luchemos por defender la libertad académica y que la Universidad como institución busque fortalecer la autonomía frente a todo tipo de presiones por parte de poderosos aparatos estatales, grupos empresariales, mediáticos, etcétera.

En este sentido, además de la labor insoslayable de servicio público de la Universidad, ¿se ha tratado también la vocación de servicio a la formación de los jóvenes?

Por supuesto, y también de la formación de los no tan jóvenes, porque la formación permanente es una realidad hoy. Hay muchas corrientes ideológicas que abogan por un pragmatismo a ultranza donde la Universidad se difumina como institución y donde las personas que trabajan en ella pueden tener la tentación de no asumir una impronta fuerte, con convicciones sólidas y con capacidad de llegar al gran público, pero, a su vez, transformar la sociedad desde dentro.

¿Se han distinguido distintas corrientes o tendencias en este foro que han dificultado acuerdos firmes en los puntos esenciales?

En general, hay posiciones que abogan porque la Universidad recupere el protagonismo perdido y otras que propugnan una posición acomodaticia. Claramente, el grupo que estuvimos en ese foro optamos por lo primero: que la Universidad tenga el protagonismo debido en el rearme moral que Europa, ahora más que nunca, necesita.

No obstante, no es nada fácil alcanzar hoy en día acuerdos en torno a valores porque hay posturas radicalmente antagónicas.

Sí, por eso, más que hablar de valores que, en el fondo, son ideas más o menos asentadas, de lo que se trata es de hablar de virtudes, que suponen hábitos que fortalecen el carácter y que tienen una dimensión más bien individual. En este tiempo, precisamente porque predomina la exoneración de la responsabilidad en todos los órdenes, casa mejor en el ambiente institucional una ética que abrace todas las dimensiones de la persona cuando ésta está en una actividad profesional.

Pero la persona no es sólo su trabajo; el trabajo es parte esencial de la persona, pero ésta es más que el trabajo que desempeña. Así, más que abogar por ideas o un consenso entrecruzado, conviene hablar de virtudes asentadas en el carácter y que tienen cuatro ejes fundamentales. La fortaleza, la templanza, la justicia y la prudencia, que es la auténtica sabiduría práctica, y no astucia, como se entiende en la actualidad.

¿Cómo se va a aterrizar esta Declaración a nivel institucional?

En la UCV hay un compromiso por parte del equipo rectoral de que haya una formación requerida en cada puesto de trabajo para quienes conformamos la Universidad tanto si llevamos un año como mucho tiempo en ella. Este compromiso está y hay que asumirlo en primera persona del plural.

Otras universidades quieren hacerla propia, pero cada cual tiene sus propias especificidades. No es lo mismo la realidad de Hungría que la de Grecia.

Lo importante es que, al margen de que la Declaración tenga voz o proyección en espacios europeos y en organismos transnacionales, vivirlo más allá de formularlo o publicitarlo, y ello implica argumentarlo, debatirlo y ponerlo en el orden del día de los grandes temas que en una Universidad se despachan tanto en el Consejo de Gobierno como en cada Facultad. Es una labor de penetración vertical descendiente que tiene que llegar a todas las esferas de la Universidad y hacer un auténtico llamamiento a favor de la responsabilidad individual y colectiva.

Finalmente, ¿cuál cree que puede ser la aportación particular de la UCV en este foro europeo?

La UCV tiene una visión trascendente en su ideario que implica, a su vez, la ausencia de una visión vergonzante respecto del hecho religioso, que sucede en otras muchas universidades. Aquí no nos avergonzamos de tener un credo religioso que nos sirve de soporte y referencia, y esto se proyecta en los tres grandes ámbitos donde se desarrolla nuestra actividad académica, que es en la dimensión de Grados, Postgrados y Doctorado.

En cada una de las asignaturas que conforman cada uno de estos bloques se esconden conversaciones entre profesores y alumnos, clases magistrales, prácticas… Donde la visión del hombre y de lo trascendente aparezca de un modo expreso o más bien tácito, pero siempre está en juego. Nuestra Universidad tiene como motor la visión del hecho religioso como una instancia favorecedora de la cohesión social y salvaguarda de los derechos humanos, precisamente ahora, que tantas vulneraciones aparecen.

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