Esteban Escudero, Paraula

Fiesta de Todos los santos y fiesta de los Fieles difuntos

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Fiesta de Todos los santos y fiesta de los Fieles difuntos

Hoy en día, especialmente los jóvenes, desconocen el significado de estas conmemoraciones cristianas. Sin embargo, es muy importante descubrirlo, pues nos acercan a la fe y le proporcionan un sentido a la muerte.

Las conmemoraciones de los difuntos en la Iglesia comenzaron con la veneración de los mártires, en torno a quienes la comunidad cristiana se reunía para hacer una pequeña celebración. Esta fiesta fue ampliándose, ya que había mártires en lugares diferentes, lo que desembocó en una celebración común y alegre. De hecho, el Panteón romano -dedicado inicialmente a los dioses paganos- se dedicó a todos los mártires cristianos. 

En el siglo VIII, también en la ciudad eterna, se dedicaron capillas y ofrecieron ritos especiales no sólo para los mártires sino para los llamados ‘confesores’: personas que sin dar su vida por el martirio habían confesado su fe en su vida dando un ejemplo de vida cristiana. 

Fue Gregorio IV en el siglo IX quien agrupó en una misma festividad (1 de noviembre) la celebración de los confesores de antes y de ahora, de los santos ya canonizados y de los anónimos, de todos aquellos que están ya en presencia de Dios.

¿Y qué hacer con aquellos cristianos fallecidos que aún no se encontraban en situación de presentarse ante Dios, que todavía tenían que purificarse? Lo que hace la Iglesia desde sus inicios es rezar por sus almas, para lo que más tarde se instauró el día 2 de noviembre.

Por tanto, los fieles difuntos y todos los santos son festividades diferentes, pero al ser festivo el día 1 la tradición es ir al cementerio en este día. Sin embargo, no hay que mezclar ambos conceptos.

A esta confusión se ha añadido la celebración pagana de Halloween, que preconiza el miedo a la muerte y a los difuntos, todo lo contrario a la esencia de Todos los Santos, fiesta en la que se conmemora la muerte heroica por Cristo y la alegría de estar ya con Dios.

En la fiesta de Halloween hay prácticas oscuras y otras inocentes, como disfrazarse, pero también en éstas se banaliza la muerte al no tomar en serio su significado como fin de la vida, como separación de los seres queridos y como un encuentro de unión con Dios. 

Se ha aceptado incluso en los colegios, de modo que los niños no saben nada sobre los santos, los difuntos ni el purgatorio, y sin embargo aceptan estas tradiciones, que han cambiado el sentido cristiano de la muerte por uno pagano que trasluce horror al difunto y una necesidad de defenderse de él.

Así, invito a recuperar estas fiestas ofreciendo a los niños y jóvenes ejemplos de personas que han vivido y han muerto por Cristo, que han vivido de manera tan santa que han recibido tras la muerte el Reino de Dios y a rezar por los que aún están a sus puertas. 

Esteban Escudero, vicecanciller de la UCV y obispo auxiliar de Valencia.

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