La maternidad subrogada como esclavitud (Pilar Estellés, Las Provincias)

La maternidad subrogada como esclavitud (Pilar Estellés, Las Provincias)

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En las últimas décadas, el progreso científico y tecnológico ha supuesto un gran avance en las ciencias de la vida y, quizás, veamos con buenos ojos que una persona desee tener un hijo/nieto, dados los desastrosos índices de natalidad de nuestro país. Sin embargo, debajo de esta brillante “monedita” se esconde el riesgo que supone anteponer esos comprensibles deseos e intenciones personales a otras consideraciones éticas y jurídicas.

Cuando la concepción del hijo ya no se busca como un fin en sí mismo, se desemboca en una carrera imparable de instrumentalización del ser humano a nivel moral, ético, médico, jurídico y filosófico que se inició hace más de cuarenta años cuando comenzaron las técnicas de reproducción asistida. La maternidad subrogada tiene como finalidad la “producción” de un hijo para satisfacer los deseos de paternidad/maternidad/abuelidad. Nos encontramos ante un escenario en el que urge la defensa y protección de los más vulnerables, y el derecho y la ley, deben ser un instrumento de protección y salvaguarda de la persona que sancionen y erradiquen las conductas lesionadoras su dignidad y derechos. El problema es de tal magnitud que se deben sentar las bases que deberían informar el tratamiento jurídico de las acciones –sin precedentes en la historia de la Humanidad– llevadas a cabo sobre el ser humano más vulnerable, el niño en estado embrionario y sobre las madres gestantes de alquiler.

En vez de ello, se pretende el reconocimiento de una suerte de “nuevos” derechos de los que algunos individuos creen ser titulares en aras de esa supuesta libertad sin límites que exigen del Estado y la sociedad pero que conllevan la lesión de los derechos de otros más débiles. Hacer prevalecer la libertad (identificada con el “deseo” del momento y por tanto fútil) del individuo (más fuerte) como la última instancia, es solo la mitad de la verdad sobre este asunto.

Aceptar la maternidad subrogada sería tanto como aceptar que la dignidad de la mujer (y del hijo gestado con estas técnicas), pueda ser degradada a un mero medio u objeto fruto de la cosificación o instrumentalización de su condición humana para satisfacer los deseos que no derechos (comprensibles, pero no omnipotentes) de parentalidad. Existen límites. No todo lo que la Ciencia puede, se debe llevar a cabo. De lo contario, accedemos a que se alquile el útero de una mujer y se page por sus servicios ¿a que no es nuevo esto de pagar por los cuerpos de las mujeres?

Gestar por encargo una criatura para otras personas (por muy buenas intenciones que se les supongan) convierte el cuerpo de las mujeres en mercancía y de esta manera la mujer pasa de ser sujeto de derecho a ser objeto y es, por lo tanto, lesivo para sus derechos e inaceptable democráticamente. Con esta práctica se comercializa la maternidad, se instrumentaliza y se comercializa con el cuerpo de la mujer, que es transformado en herramienta de producción, algo que es incompatible con la dignidad humana. Ello supone la explotación de la mujer, que en ocasiones es una mujer necesitada y en situación de vulnerabilidad; se la esclaviza. Convertimos a la mujer en una mera incubadora, algo muy vejatorio para ésta, al ser tratada como un recipiente, como un vientre que se puede alquilar ignorando sus sentimientos, su personalidad, su maternidad.

No olvidemos tampoco, que estas prácticas son muy lucrativas para los intermediarios por lo que en numerosos casos se produce la explotación del estado de necesidad de las gestantes, algunas de las cuales viven en situaciones de pobreza y exclusión social. El perfil socioeconómico de las mujeres que se someten a estas prácticas suele ser, por lo general, bajo y el nivel de conocimiento y libertad con el que han participado es bastante dudoso. Por tanto, el riesgo de explotación de estas mujeres es bastante alto.

Pese a ello, algunos españoles conciertan contratos de maternidad subrogada que son nulos y no están permitidos en nuestro país. Por eso, y a sabiendas, se desplazan a otros países en lo que se conoce como “turismo reproductivo” con el fin de satisfacer un deseo de ser progenitor o abuelo con la misma carga genética o por un deseo de “cuidar a otro”. En todo caso injustificable. Se vulnera la ley española, la dignidad y derechos de la mujer gestante y del hijo nacido de esta práctica. Por eso, la Unión Europea en su Informe sobre Derechos Humanos y Democracia hace una condena explícita de la maternidad subrogada y recomienda su prohibición allí donde no lo esté.

Encargar un bebé para la satisfacción de un deseo personal no es algo plausible, recomendable ni legal. Ayudamos más a las necesidades personales, sociales y de los niños en situación de abandono si nos proponemos la muy loable y satisfactoria posibilidad de la adopción.

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