Vicente Pons: “Sin los valores cristianos, Europa es sólo una especie de reducto económico”

Festividad de San Vicente Mártir

Vicente Pons: “Sin los valores cristianos, Europa es sólo una especie de reducto económico”

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Vicente Pons: “Sin los valores cristianos, Europa es sólo una especie de reducto económico”

Lo primero que advierte al inicio de la entrevista Vicente Pons, responsable del histórico Archivo de la Catedral de Valencia, es que su nombre es en honor de san Vicente Ferrer, en cuya festividad celebra su onomástica; aduce, eso sí, que “sin san Vicente Mártir no habría san Vicente Ferrer”, por lo que también considera un poco su santo al protomártir valenciano. Pons –vicedeán de la Catedral y catedrático de Historia de la Universidad de Valencia- ha sido designado para pronunciar la conferencia que cada año tiene lugar durante en el acto académico que celebra la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir (UCV) en vísperas de la festividad de su patrón.

En su conferencia hablará de los orígenes del cristianismo en Valencia, que no se entienden sin san Vicente Mártir. ¿Qué le ha empujado a poner el poco en esos inicios de la fe en nuestra tierra?

Para entender el presente hay que conocer el pasado, y los orígenes son el fundamento de toda realidad -por eso, por ejemplo, me parece muy adecuado que la UCV tenga el nombre del patrón de esta ciudad- y san Vicente nos lleva a subrayar la importancia de los valores cristianos para Valencia, a lo largo de su historia y de la actualidad. ¿Qué sería de esta tierra sin los valores cristianos, que representa y tienen su raíz en san Vicente? No sería la que es hoy, pero tampoco lo serían España y el resto de Europa.

Los últimos papas han destacado en sus discursos ante la UE que los fundamentos de Europa son los valores cristianos; Sin ellos, sólo queda una especie de reducto económico, como mucho. Los padres fundadores de la Unión sí eran conscientes de la importancia de esos valores, que Europa ha difundido al resto del mundo. De hecho, incluso los valores que la Revolución francesa asumió como lema (libertad, igualdad y fraternidad) tienen su origen en la fe cristiana.

Hablando de estos valores, en esta pandemia hemos visto testimonios de profesionales y ciudadanos que se han sacrificado por otros, por ejemplo. En la finca donde vivo yo había un grupo de estudiantes que hacía la compra a las personas mayores durante el confinamiento. Llamaron casa por casa ofreciéndose a ayudar. No somos conscientes de ello, pero detrás de estos gestos se encuentran los valores cristianos pasados de generación en generación y que han conformado nuestra sociedad.

¿Por qué es importante que hoy reflexionemos sobre los fundamentos de nuestra sociedad?

Para revitalizar algo hay que ir siempre a sus orígenes. En ese sentido, si queremos revitalizar la sociedad cristiana que ha sido Valencia y Europa no sólo hemos de tener como referente a Cristo, sino también a los primeros cristianos y a los mártires; y nuestro protomártir es san Vicente.

La vida y muerte de este santo nos llevan a principios del siglo IV. Los testimonios arqueológicos demuestran cada vez más que en aquel momento ya había pequeñas comunidades cristianas en algunos ámbitos valencianos. Junto a la arqueología, la tradición nos va dando pistas: los lugares que después serán diócesis, como Valencia, Elche, Játiva o Denia señalan los ámbitos urbanos donde se hallaban estas comunidades. Recordemos que el cristianismo se difunde primero en las ciudades, siguiendo la Vía Augusta, y después en el ámbito rural. 

¿Cree que se ha difundido lo suficiente la figura del santo patrón de Valencia desde nuestras instituciones públicas y eclesiásticas?

Hay muy buenas investigaciones de la arqueología paleocristiana de la época y se ha hecho un gran esfuerzo por ‘musealizar’ los lugares vinculados a san Vicente, tanto los que dependen de las instituciones públicas como de las eclesiásticas. Se podría hacer más, no obstante. En ese sentido, creo que hay una deuda con san Vicente en forma de una publicación en la que participen arqueólogos y otro tipo de expertos en la figura de este mártir.

Hablaba antes de valores como el sacrificio; ¿qué valores puede aprender un joven universitario actual del protomártir valenciano?

Pues el mismo valor del sacrificio por los demás, que es fundamental para la sociedad de hoy. Es cierto que el martirio es entregar la vida por la fe y perdonando; pero también es una muerte por amor. En ese sentido, es clave que el trabajador entienda su labor profesional, y el estudiante su formación, como un servicio que se hace sacrificio por el bien común. 

El médico, maestro o mecánico no debe serlo sólo porque le guste esa área profesional, sino también porque la entiende como un medio para realizar una labor en favor de las personas. La vocación no es sólo lo que me gusta, hay que tener claro el “para qué”. Por eso, tanto para creyentes como no creyentes el mártir es un ejemplo y testimonio de valores que hemos de llevar a la práctica en nuestra vida personal y profesional. 

Esto tiene relación con el concepto de humanismo, que no tiene ningún sentido si no se concibe desde el cristianismo; sin los valores de la fe cristiana, ‘humanismo’ es una palabra vacía. Pero el humanismo cristiano siempre tendrá una palabra para creyentes y no creyentes. Los segundos, en este sentido, también están llamados a vivir su vocación como un servicio para los demás. Y los cristianos, además, están llamados a servir al otro por amor a Cristo. 

Precisamente el humanismo cristiano es una de las bases de la Universidad Católica de Valencia.

Porque humanismo está muy vinculado a la formación universitaria. En una universidad católica como la UCV no sólo es necesaria la formación en valores como la libertad o la igualdad entre hombre y mujer, sino comprender también que estos tienen su origen en Cristo. Conceptos como los de sacrificio, entrega o servicio tienen como referencia a Jesucristo y como testimonio, a los santos. 

Por otro lado, la educación fundamental en la fe es la familia, llamada Iglesia doméstica, pero también existen instituciones como la universidad que pueden llevar al ser humano a Cristo. No tanto para ir con la cruz alzada, sino para dar testimonio de la fe. Un profesor que se prepara las clases, que es responsable, que anima a sus estudiantes y valora los carismas de cada uno de sus alumnos, ayudándoles a enfocarlos dentro de su vocación profesional, está dando un testimonio de vida cristiana. Por eso, en el caso de la UCV el ideario cristiano no se transmite sólo mediante una serie de asignaturas, sino a través del propio personal.

Debemos tener en cuenta también que el ejemplo de san Vicente Mártir empuja a la búsqueda de la verdad, cuestión clave para la universidad. Ante tantos dioses, él se quedó con el auténtico; ante tantas verdades en minúsculas, Vicente se quedó con la verdad, en mayúsculas. Esto supone un llamamiento a la institución universitaria a enseñar la verdad. La esencia del humanismo cristiano es que universidad, ciencia y verdad vayan siempre de la mano.

Llama la atención cuántas veces está haciendo referencia a dos términos: testigo y testimonio.

Es que creo que es hora de ser testigos, Dios nos llama a ello. Como dijo Pablo VI, en la Iglesia “sobran maestros y faltan testigos”. ¿Estamos dando testimonio de nuestra condición de cristianos? Hay hermanos nuestros que lo están haciendo incluso hasta la muerte también hoy en día, lo hemos visto en Siria o Iraq. Como ha expuesto el papa Francisco, hay más mártires ahora que en los primeros siglos de la cristiandad. 

Respecto de las propias figuras de los mártires, hemos de tomar como referencia el sentido estricto de la palabra ‘mártir’, que es aquel que da la vida por Cristo como él lo hizo, perdonando; pero también el sentido general, en lo que hace referencia a dar testimonio de la propia condición de cristiano en un lugar problemático. Ahí entran los conceptos de ‘testigo’ y ‘testimonio’. Recordemos como ejemplo al cardenal Francisco Nguyen van Thuan. No murió a causa de su fe pero podemos considerarlo mártir al haber estado encarcelado durante años en Vietnam por ser cristiano, sacerdote y obispo. 

Si alguien que no conociera el fundamento de los valores cristianos que encarnó san Vicente y de los que hemos hablado, ¿cómo se lo explicaría?

La raíz del valor del cristianismo es el amar como Él nos ha amado. No es cualquier tipo de amor, es uno concreto, el de Jesucristo. Como dice san Pablo, “hemos conocido el amor que Dios nos tiene” y por eso creemos en Él. Decir que Dios es amor es muy bonito, pero me gusta más lo que decía santa Teresa de Calcuta: “No digamos ‘Dios es amor’, sino ‘Dios me ama’”. El amor cristiano no es una idea etérea; san Pablo también decía que el amor de Cristo nos empuja a amar como él nos ha amado. Esta es la realidad que viven en un sentido extremo los mártires, es lo que vivió san Vicente.

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