La Inmaculada y el aniversario de la Constitución (Cardenal Arzobispo Antonio Cañizares, La Razón)

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Dos fechas, de gran importancia y alcance, hemos celebrado estos días atrás: la fiesta de la Inmaculada y el Día de la Constitución española. La primera contiene la realidad del proyecto de Dios sobre la humanidad entera. Una humanidad nueva nacida de una mujer nueva, a la que no ha tocado el pecado, en la que se ve que el mal desaparecerá, porque es posible su desaparición; así lo vemos en la Inmaculada Concepción, porque Dios lo quiso, pudo y lo hizo; Ella es toda santa e irreprochable ante Él por el amor, llena de su gracia y nos muestra donde está la verdad: en Dios del que el hombre es inseparable y por el que está apasionado. Ella, la Inmaculada, la toda santa, es nuestra patrona, la Patrona de España, tierra de María, Inmaculista como ninguna otra nación del mundo; Ella es nuestra singular protectora siempre, y especialmente en momentos delicados como los que atravesamos. Ante la Inmaculada ponemos el presente y el futuro de España, invocamos su protección que nos ha acompañado a todos los pueblos y ciudades de España a lo largo de nuestra historia más que milenaria, desde los primeros años de la vida cristiana en España.

Las raíces en la que se asienta España, queramos o no, los hechos son los hechos, son cristianas. Esas raíces están ahí. Son, por supuesto, las raíces que alimentan y dan lugar a la Iglesia, pero son también raíces que no podemos dejar de tener en cuenta a la hora de interpretar nuestra identidad española. España atraviesa un momento muy delicado: además de la crisis o cambio cultural que arrancan esas raíces, tenemos la espada de Damocles de la unidad o fragmentación-división de España por varias Regiones muy querida, no cerrada definitivamente como todo el mundo pensamos (No va a ser fácil y se requiere, todo el sentido común, la inteligencia y la generosidad que este asunto reclama). Ambas cosas nos destruyen. Comparto con muchos el convencimiento de que no se llegará a la secesión independentista como se ha intentado y se sigue intentando, cosa que no sucederá mientras tengamos esta Constitución: la norma suprema por la que se rige España, su Constitución, nos salvaguarda a todos, vascos, catalanes y el resto de los españoles. No estoy tan seguro de que no llegarán a aprobarse fraudulentamente eventuales y posibles proyectos legislativos, a eso nos están acostumbrando ya sin embargo fuerzas con el notable poder de la mentira, y opresores, como lo que ayer mismo veíamos en Venezuela. Pero también la Constitución nos salvaguarda en relación con dichos proyectos o proposiciones legislativas. Y también, sobre todo, la Virgen María Inmaculada ampara y protege a su tierra que es España con todos sus pueblos y Comunidades, con todas sus gentes, y espero, confío y pido que no ladejará sucumbir ni hundirse por dichas proposiciones o proyectos de ley. Esto no es ingenuidad, ni ilusión: es el realismo de fe en María Inmaculada, en su protección y ayuda ciertísima y permanente. Pero hemos de cambiar y dejar actuar a Ella, hemos de fi arnos y hacerla caso cuando la vemos en su realidad más propia: Inmaculada y toda santa.

No olvidemos, por lo demás, al día siguiente en el que celebramos el aniversario de su aprobación y su fi esta, lo siguiente que la Constitución surgió en momento en el que reinaba un afán generalizado de concordia y reconciliación entre todos los españoles. Concordia en libertad era una aspiración que vivíamos la mayoría de los españoles en aquel entonces, queríamos la paz completa y verdadera, la reconciliación, la unidad, creíamos en el diálogo y en el entendimiento entre todos, que es el mejor modo de servir a la memoria en perspectiva de futuro y su fundamento: servir a la causa del hombre, lo más noble y sagrado; con estos sentimientos de fondo compartidos se entiende una Constitución de la concordia, obra de todos y con mentalidades bien distintas, pero con una preocupación común: el hombre, la paz, la sociedad democrática, España, a la que pertenecemos todos en unidad y entendimiento dentro de la diversidad. Y esto tiene mucho que ver también con la fe de la Iglesia, que reconoce y proclama la verdad de la Inmaculada Concepción en la que Dios hizo posible que se gestase y de la que naciese el Hombre nuevo, que es paz, reconciliación, concordia. Y de Él nacería la Iglesia que es de todos y para todos, a todos se debe, a todos congrega, a todos llama, no hace acepción de personas, su vocación es reunir a los hijos de Dios dispersos, «sacramento de unidad», la llama el Vaticano II, reunir e integrar a todos en unidad formando un solo pueblo, llevar a todos y ofrecerles su mejor y más grande tesoro que lleva dentro, para hacer posible que surja una humanidad nueva, hecha de hombres y mujeres nuevos con la novedad del Evangelio que nunca separa, ni condena, sino que supera toda condenación del otro y une para edifi car la casa común. Y todo esto tiene que ver con nuestra Constitución que alberga en su seno y promueve principios y criterios que nos conducen por caminos que nos llevan a la unidad y la paz dentro de una sociedad nueva hecha de hombres y mujeres nuevos, libres, fundados en la paz, hijos de la paz. Que María Inmaculada ayude a España a mantenerse en su identidad inseparable de ella, para ser hermanos abiertos al futuro.

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