Los jóvenes y la "movida"

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Tribuna del cardenal arzobispo de Valencia Antonio Cañizalres, publicado en La Razón.

Queridos jóvenes, estos días, a propósito de varios hechos, algunos muy dolorosos, estáis saliendo mucho en los medios de comunicación social a causa del tema de la «movida» o el «botellón». La verdad es que este asunto está resultando un verdadero problema en muchas partes. No sé si estamos dando con las respuestas adecuadas que un asunto tan complejo necesita. No resulta fácil.
 
De todas las maneras, me atrevo a deciros que no creo que la «movida» os llene. Hace unos años un joven, metido en la «movida» hasta los ojos, me decía algo que me impresionó por su franqueza y quedó muy grabado en mi memoria, algo que también os he escuchado bastantes veces a no pocos de vosotros ¿Cómo quieres que nos llene, decía aquel compañero vuestro, «marcha y la movida» los viernes y los sábado noche? ¿O es que te crees que los jóvenes somos unos «descerebrados»? ¿A quién puede llenar el cargarse de alcohol, o «estimularse »con droga, o «acostarse» con quien sea si te «apetece»? Eso no puede llenar, lo que se dice «llenar», a nadie. Siempre te deja el vacío que tienes que volver a intentar apagar la semana siguiente y entre tanto el aburrimiento y el «arrastrarse».
 
Como este compañero vuestro, tampoco yo creo que eso os puede llenar, pero no encontráis tal vez «algo mejor», o no lo buscáis o no se os ofrece, «ni siquiera, decís, la Iglesia». Pero, en realidad, ¿qué buscáis y esperáis? Porque sé que vuestro corazón busca y espera. Con todo lo que pueda parecer, y con lo que algunos, tal vez, piensen de los jóvenes de ahora, la vida no ha cerrado ni apagado anhelos muy profundos y nobles dentro de vosotros. Buscáis ser felices, vosotros decís «pasarlo bien»; anheláis llegar a ser libres de verdad; amáis la vida y queréis vivir plenamente, «a tope»; os apasiona vivir con alegría, aunque el tedio y el aburrimiento, a veces hagan presa de vuestro corazón; anheláis que haya un futuro grande para vosotros y que os llene de esperanza; tenéis sed de verdad y os gustarla en lo más Intimo de vosotros que os quieran, os comprendan, y también querer a los demás; buscáis la justicia, la autenticidad, la lealtad, el amor no interesado, la comunicación sincera; queréis la paz, la tolerancia. Queréis y necesitáis trabajo para todos. Buscáis, aunque no estáis muy seguros, que haya un sentido para la vida o que la vida tenga sentido.
 
Permitidme que os lo diga con toda sinceridad. Sabéis perfectamente que a esos deseos vuestros, tan estupendos y otros más, igual de grandes y nobles, cierto que la «movida» no os da la respuesta. No puede darla ni os la dará nunca. Os ofrece un sucedáneo. Es lo que parece que la misma sociedad no queremos ver. Se piden «medidas normativas y legales», que se adopten resoluciones de orden, se solicita, incluso, «mano dura». No entro en valorar estas respuestas; seguramente, en algunas ocasiones desbordadas, habrá que tenerlas también en cuenta. Pero la respuesta no hay que buscarla sólo ahí.
 
Mientras no se den las respuestas verdaderas a vuestras búsquedas, esperanzas, anhelos y deseos más hondos y «más vuestros» -los que corresponden a hombres y mujeres jóvenes, como vosotros-no se habrá avanzado nada o poco. Es la familia, es el sistema educativo, es la sociedad, es la iglesia, sois vosotros mismos.
 
Sabéis que «el negocio de la juventud» es quizá el mayor de los negocios, el que más dinero mueve seguramente a nivel mundial. Perdonad que sea muy claro sois «clientes consumidores» de ese «negocio», a veces devorador y hasta generador de víctimas». Parece normal, por razones obvias, que a ese «negocio» superpoderoso no interese-o no permita-que encontréis respuestas a vuestras necesidades más vivas.
 
Pero lo que resulta extraño es que la sociedad, y quienes estamos dentro de ella, personas e instituciones –instancias sociales, educativas, religiosas, políticas, las familias, las asociaciones, los medios de comunicación social, …- no reaccionamos de manera adecuada, tenemos cierto miedo o pudor a decir y actuar de manera coherente, o no nos esforzamos suficientemente en encontrar y ofrecer lo que andáis necesitando. Que no os ofrezcamos «sucedáneos», que no nos «apuntemos» a la permisividad que tanto corroe, que sepamos ofreceros respuesta a vuestra búsqueda de sentido. Que ofrezcamos a las nuevas generaciones un horizonte moral, una formación con principios, valores y fines que permitan al hombre existir en el mundo no sólo como consumidor, sino como persona; capaz y necesitada de algo que otorgue a su existir dignidad junto a lo que la sociedad vaya ofreciendo sucesivamente. Nadie parece que se atreva a ser educador y esto es grave.


Pero sois vosotros mismos los llamados a buscar y encontrar la respuesta y a seguirla. No os escaqueéis. Lo tenéis en vuestras manos. Tenéis muy cerca la respuesta. Lo sabéis muy bien, aunque os hayáis olvidado y os dé miedo el seguirla. Os dirán que no merece la pena, que se está mejor en el «rollo», o en el «botellón», que lo «pasaréis» mejor sin esas otras cosas, sin duda las importantes. No bebáis en charcos, cuando podéis beber agua viva y limpia: sabéis que hay una inagotable fuente que es la única capaz de saciar vuestra sed y vuestra búsqueda.
 
Jóvenes, no destruyáis vuestras cualidades y valores poniéndoos al servicio de poderes del mal que existen en el mundo, ni os dejéis acarrear por corrientes que anulan vuestra libertad. ¿Os dejaréis engañar por esos poderes o por esas corrientes, o «ambiente», que pretenden convertiros -con perdón- en títeres e instrumentos fácilmente manipulables al servicio de una cultura insolidaria, individualista, y sin horizontes. ¿Caeréis en la tentación de alienar el precioso don de vuestra vida con el poder del alcohol o de la droga destructora y asesina, la fuerza cegadora del hedonismo, del sexo fácil, de la permisividad y del disfrute a toda costa, o la prepotencia irracional de la violencia? No perdáis la esperanza. No la perdamos nadie.

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