Santa Teresa de Jesús, copatrona de España (Cardenal Antonio Cañizares, La Razón)

Santa Teresa de Jesús, copatrona de España (Cardenal Antonio Cañizares, La Razón)

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El pasado día quince celebramos la fiesta de Santa Teresa, copatrona de España, y no quiero que pase su octava sin decir algo en este espacio semanal. Vivimos unos tiempos difíciles, «recios», diría la Santa, resulta muy oportuno ahora volver a Teresa de Jesús, ella nos dice «sólo Dios basta, quien a Dios tiene nada le falta». Ese debía y debe ser el horizonte del mundo y de la España que vivimos. Y esto no es evasión, sino todo lo contrario, es tomar el toro por los cuernos, comprometerse para renovar nuestra España y el mundo. Además, Teresa de Jesús nos dice la actitud que hemos de tener en el mundo de hoy: «Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?» Esto es lo que necesitamos: estar atento a lo que Dios mande de nosotros, y no busquemos otra cosa que Dios y su voluntad, como Jesús nos enseñó.

Esto sí que cambia y renueva el mundo; la conversión personal que nos llevará a otros cambios sociales, humanos y culturales. Volvamos a Teresa de Jesús, a su espiritualidad y a sus escritos. Ahí aprendemos y saboreamos esa sabiduría eterna de Dios y manifestada en el tiempo, en la carne, en la humanidad llagada, herida, del Hijo de Dios, único camino de la Iglesia, único camino de Dios al hombre y del hombre a Dios, único camino del hombre a cada hombre.

Necesitamos volver a santa Teresa hoy más que nunca en este mundo de eclipse de lo divino y de pérdida del sentido de Dios. Lo necesitan, sobre todo, los jóvenes hambrientos de trascendencia, de Dios, en sus vidas y de testigos de esa trascendencia, de nada tan necesitados como de Dios, porque tienen sed de vida, de amor, de esperanza, de felicidad y plenitud: y sólo Dios es esa plenitud.

Sólo Él es la Vida y fuente de la Vida. Sólo Él es el amor que hace renacer constantemente una esperanza fi r me más allá de todo lo que produce hastío, desamor y mentira. Necesitamos la enseñanza y el testimonio de la Santa porque faltando el sentido de Dios, va perdiéndose hoy el auténtico sentido del hombre y el hombre se vuelve contra el hombre, y porque tratando de eliminar a Dios vamos eliminando al hombre y produciendo su destrucción. A esto debería conducirnos el momento que vivimos a la Iglesia a avivar nuestra fe en Él, a convertirnos a Él, a ser de Él, a seguirle, amarle y anunciarle, darlo a conocer.

Necesitamos seguir los pasos de la Santa Andariega de Ávila, Teresa de Jesús, para que la situación española tan frágil y crítica cambie, necesitamos  descubrir al «Jesús de  Teresa», del que tan necesitados estamos todos los hombres, porque Él es nuestro Redentor,  el único que tiene palabras de vida eterna, el único nombre en el que los hombres podemos hallar perdón y misericordia, reconciliación y paz, felicidad y medicina para nuestras heridas y palabra de comprensión para nuestra fragilidad pecadora. Nuestra Santa universal, Doctora y Maestra de toda la Iglesia, no tuvo otro vivir que Cristo, porque supo apropiarse la riqueza de la Iglesia, la única que la Iglesia tiene, que no es otra que Jesucristo, y a ella entregó su vida. Sigamos los pasos de esta mujer santa y no nos dejemos engañar por nadie que trate de mostrarnos otro camino distinto al que ella siguió, otro camino distinto que el del conocimiento y el de la experiencia de Jesucristo, que únicamente se adquiere dentro de la Iglesia: en el trato y amistad con Él en la oración; en la Eucaristía donde Él se nos entrega con una confianza ilimitada y nos hace participar en su misma vida; en la Penitencia donde Él se nos entrega como perdón y gracia reconciliadora; y en la escucha de su palabra, recogida en las Escrituras transmitidas y leídas en la Iglesia.

Viendo y escuchando a Santa Teresa, Teresa de Jesús, me vienen a la mente como dichas por ella, aquellas impresionantes palabras del Papa san Juan Pablo II, elegido Papa precisamente al día siguiente de La Santa : «No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo. Abrid a su fuerza salvadora las fronteras de los Estados, los sistemas económicos y políticos, los vastos campos de la cultura, de la civilización, del desarrollo. No tengáis miedo. Cristo sabe lo que hay dentro del hombre. Sólo Él lo sabe. A menudo el hombre se siente invadido por la duda, que se transforma en desesperación. Permitid por tanto, os lo ruego, os lo imploro con humildad y confianza: permitid a Cristo que hable al hombre». Llamemos a la conversión, a que los cristianos volvamos de verdad a Cristo, y surgirá y se edificará una humanidad nueva. Esta es la principal aportación de la Iglesia a la situación crítica que vivimos anunciar a Jesús y llamar a la conversión. Rezad a santa Teresa y aprendamos de ella a orar: esto es fundamental para superar el grave momento que atravesamos.

¡Ah!, se me olvidaba una nota de cultura y de historia para que la vea el Sr. López Obrador, presidente de Méjico, sobre la evangelización en Méjico por parte de españoles. Fr. Pedro de Gante escribió en el siglo XVI un catecismo en pictogramas para inculturar la fe, Al decir en la oración de la cruz, «líbranos de nuestros enemigos», Pedro de Gante, inculturando, dibuja como «enemigos» a soldados de Moctezuma a caballo, no a españoles. Así pensaban los mejicanos del siglo XVI, señor López Obrador.

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