Paisajes rurales. Un nido de águilas en el Maestrazgo (Pablo Vidal, Levante EMV)

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El interior de la provincia de Castellón alberga extraordinarios tesoros, que hacen las delicias de senderistas y turistas. Hablamos del paisaje, territorio transformado por la acción humana durante generaciones, quienes han esculpido la tierra donde se asentaron para aprovecharla al máximo, de manera respetuosa con el medioambiente para que fuera sostenible.

ICOMOS, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, organización asociada a la UNESCO, ha celebrado recientemente el día de los monumentos y sitios, dedicándolo a los Paisajes Rurales. Es por ello que proponemos presentar al lector un ejemplo único de este patrimonio rural, que está siendo puesto en valor con las recientes excavaciones del castillo de Culla.

Uno de los principales referentes visuales y paisajísticos de este territorio del Alt Maestrat es el castillo de Culla. Cuando recorremos los innumerables senderos de la zona, el alto del castillo siempre aparece como referente ineludible, siempre presente en la distancia, a pesar de que el castillo fue dinamitado por las tropas isabelinas en 1842, al terminar la segunda guerra carlista. Sin embargo, gracias al dibujo que nos dejó el insigne botánico Cavanilles en fecha anterior, 1791, podemos hacernos una idea de la majestuosidad de la torre del homenaje de ese inexpugnable alcázar que tuvo la fortuna de visitar. No en vano, los musulmanes, quienes poblaron el cerro y construyeron el castillo, sobre uno anterior al menos datad en época ibérica, si no anterior, llamaron a la localidad QULLA, el alto. Tras la conquista cristiana fue el eje de un territorio templario, para pasar posteriormente a la Orden de Montesa.

Desde el cerro, ahora en pleno proceso de fructífera excavación, podemos contemplar las montañas de Mosqueruela, ya en Teruel, así como las poblaciones de Vistabella del Maestrat, Ares del Maestre, Albocasser, Benafigos, la omnipresente cima del Penyagolosa, referente natural de todo este territorio, pero también las más lejanas Vilafamés, o las distantes montañas del Desierto de las Palmas, la costa a la altura de Vinaros o Benicarló, así como el golfo de Valencia y el Montgó, ya en la provincia de Alicante, en los días más claros. Una panorámica única de todo el interior de la provincia de Castellón.

El castillo, centro estratégico de vigilancia y control, era el eje de un complejo territorio, la Setena de Culla, formada por siete pueblos que se unían para gestionar todo lo relativo a la ganadería extensiva, verdadero motor económico de toda la zona en el pasado. Las huellas de este uso han dejado inscrito en el paisaje los muros de piedra en seco que delimitan las vías pecuarias, azagadores, veredas y cordeles, caminos de uso público por el que transitaban los rebaños de ovejas que se desplazaban de un lugar a otro en las largas trashumancias o en recorridos más cortos. Esta piedra en seco, recientemente incluida en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, presenta innumerables ejemplos de su monumentalidad en la zona, con cabañas para pastores, pozos, descansaderos y fuentes. Se trata de un patrimonio humilde, fruto del esforzado trabajo de los habitantes de la zona por hacer más amable el territorio, acomodándolo para su uso y explotación.

Otra de las joyas que puede contemplarse desde esta atalaya privilegiada es el conjunto de caminos tradicionales, de senderos, que recorren ese abrupto espacio, intentando hacer transitable las montañas y barrancos que lo recorren. Uno de los más significativos es el camino histórico hasta Vistabella, ya mencionado en las fuentes históricas en fecha tan temprana como 1314 y que desde poco después fue transitado por la conocida rogativa que llevaba y sigue llevando a los vecinos de Culla hasta el ermitorio de Sant Joan de Penyagolosa, a los pies del gigante de piedra. Recientemente ese mismo camino ha pasado a formar parte del GR-7, el sendero de gran recorrido que enlaza el norte y el sur de las tierras valencianas. Pero son también otros los caminos que salen desde aquí, como el que pasando por Benassal llega hasta Ares del Maestre o el que enlaza con la población de Vilafranca, que atraviesa un entorno de gran belleza, como es el río Sec, con la masía del mismo nombre o laescoleta del Cantó, preciosa escuela rural en perfecto estado de conservación gracias al trabajo voluntario de numerosos vecinos de Benassal.

El paisaje es el resultado de la huella del hombre sobre el territorio y en el caso del espacio que nos ocupa, su explotación y puesta en valor se hizo mediante un poblamiento disperso en pequeños núcleos, masías aisladas, muchas de las cuales conservan ese carácter defensivo propio de la época medieval. Solo el término de Culla conserva más de 200 casas o masías dispersas en su amplio término. En nuestros paseos por el entorno podremos disfrutar de estos verdaderos monumentos al esfuerzo humilde y callado de generaciones de agricultores y ganaderos, de masoveros, que intentaron domar ese espacio y sacar de él el máximo rendimiento.

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