¡Que viene el lobo! (Pablo Vidal, Levante-EMV)

¡Que viene el lobo! (Pablo Vidal, Levante-EMV)

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Hace solo unos días salto la noticia del primer posible ataque de lobos en la Comunidad Valenciana, en la localidad de Aras de los Olmos, muy cerca de los límites con Cuenca y Teruel. Días después la noticia indicaba que los análisis veterinarios no eran concluyentes y que, quizá, estaríamos ante un ataque de una jauría de perros salvajes.

Esta noticia, que ha generado una evidente preocupación entre los ganaderos de extensivo de Castellón, Teruel y Valencia, es solo una más de las muchas que están alertando sobre la llegada del lobo al sur de Aragón y después a las despobladas comarcas de montaña del interior de la Comunidad.

A finales de noviembre se denunció otro ataque del lobo en la turolense población de Villarroya de los Pinares, aunque también se señaló con posterioridad que el ataque podría haber sido más, otra vez, de una jauría de perros salvajes.

Las evidencias si confirman la existencia de lobos en las cercanías de Alcañiz, en la comarca del Bajo Aragón, unos 100 kilómetros más al norte de las tierras mencionadas.

La realidad es que el abandono del medio rural y de la agricultura de montaña, el aumento de las masas forestales, la creciente ausencia de personas en esas tierras de montaña, junto a una creciente presencia de animales salvajes, como corzos, cabras montesas y jabalíes entre otros, hace que estemos ante las condiciones ideales para que los lobos se asienten en estas tierras. Es solo cuestión de tiempo, poco, el que podamos confirmarlo.

Estamos ante una noticia devastadora para la lucha contra la despoblación en estas tierras ya muy castigadas y que perviven gracias a la economía asociada con una ganadería extensiva, vacas, cabras y ovejas principalmente, que pastan solas o en el mejor de los casos acompañadas de un pastor con su perro de carea. Nos enfrentamos a un importante cambio cultural, pues toda la economía de la zona habrá de replantearse. Ya no se podrán dejar las vacas solo protegidas por unos alambres electrificados, para que no se salgan de su parcela. Ya no podrá el pastor pastar con sus ovejas con la sola compañía de un pastor de carea, para marcar el camino y evitar que las ovejas se salgan del recorrido.

Esta nueva realidad obligaría a reformar los corrales en los que se guardan los rebaños por las noches, a guardar los terneros en esos corrales bien cerrados, pero también en hacer acompañar a los rebaños de ovejas de varios pastores de defensa, los conocidos mastines del Pirineo, con sus collares de pinchos o carlancas, para protegerse del ataque de esos lobos.

Los daños del lobo no se circunscriben únicamente a las ovejas muertas, que fácilmente se pueden indemnizar si la Administración es ágil y diligente. El problema es para las ovejas que han visto el ataque y que probablemente abortarán sus crías en los días siguientes debido al fuerte stress. Esos corderos no nacidos serán la ruina del ganadero y ante eso la Administración no responde. Sumemos a eso el pánico del ganadero a que los ataque se repitan.

En los pequeños pueblos de montaña y tradición ganadera de Teruel ya hace años que se esperaba, con preocupación, la llegada inexorable del lobo. Estamos ante un modelo distinto a los de los Picos de Europa, Asturias y Cantabria, acostumbrados a la presencia del lobo y que nunca dejaron de utilizar estrategias para defenderse. Aquí comenzaríamos de cero en un sector ya en fuerte crisis. Cuando esto se confirme, veremos una aceleración aún mayor en el abandono del medio rural, en el cierre de más explotaciones, y en el éxodo de más jóvenes que hasta ahora pensaron que podían apostar por un futuro económico en sus zonas de origen.

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