Bancales y cenizas (Pablo Vidal, Valencia Plaza)

Bancales y cenizas (Pablo Vidal, Valencia Plaza)

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Todos tenemos en la retina las imágenes devastadoras del desolador paisaje de ceniza y muerte que está dejando el incendio de Villanueva de Viver a su paso. Si nos fijamos con atención, tras esa primera imagen encontramos una segunda que nos había pasado desapercibida. La huella de los antiguos bancales cultivados que, abandonados hace ya muchos años, fueron cubiertos principalmente por el bosque de pinos.

Las numerosas personas mayores que hemos podido entrevistar durante estos años en el medio rural nos hablan de un monte trabajado, limpio y frecuentado, con caminos accesibles, bancales labrados y un aprovechamiento del monte bajo para leñas, ramas para los hornos de cal y tala selectiva de árboles, incluyendo árboles caídos o ramas rotas, para su transformación mediante el carboneo en carbón vegetal, que era muy apreciado para las calefacciones de la ciudad.

Como dato para entender la importancia del aprovechamiento, solo en el valle de Mosquera, considerada la joya ecológica del Parque Natural de la Sierra de Espadán, se extraían diariamente tres mil kilos de maleza y monte bajo (principalmente boj, aliagas y enebros) para alimentar los cercanos hornos de cal de la población de Soneja.

Junto a los aprovechamientos agrícolas y forestales señalados, hemos de resaltar la importancia de la actividad ganadera. Una oveja en extensivo consume entre tres y cinco kilos de hierba fresca al día, por lo que el consumo de un rebaño de 300 ovejas y cabras sería de 1200 kilos diarios de hierba.

Una política conservacionista mal entendida y demasiado restrictiva nos ha llevado a considerar que el bosque no se puede tocar. Es ahora cuando recogemos los malos frutos de esa visión poco acertada de los años 80 y 90, que consideraba que un pino no se podía tocar o que entrar en los pastos con el ganado era una agresión contra la naturaleza. Junto a ello, un cambio radical en el clima, que ya nos presenta veranos más secos y largos, con una disminución de las precipitaciones que, cuando llegan, lo hacen de manera torrencial y abrupta. Tendremos que adaptarnos a estos cambios, pero también combatirlos desde otra perspectiva.

En mi opinión, los trabajos de limpieza y mantenimiento de los bosques, siendo necesarios, son hoy día inabarcables. Solo es necesario darse un paseo por algunas zonas de nuestro interior para entender que ni siquiera una brigada forestal por término sería capaz de mantener la masa forestal existente. Se hace necesario volver a poner en valor el campo, recuperar los senderos perdidos, limpiar y talar los pinos caídos, promocionar el consumo de biomasa (pellets entre otros), favorecer los usos agrícolas en bancales ahora lamentablemente abandonados, así como promocionar otros usos del medio rural poniéndolos en valor (aprovechamientos micológicos, recogida de espárragos, promoción de la apicultura y de una ganadería en extensivo). Nunca volveremos al paisaje de los años 40 y 50 del siglo pasado, pero solo con políticas activas de promoción de la agricultura, ganadería y silvicultura en el medio rural podremos combatir esta nueva amenaza.

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