“El vector que domina en las películas de John Ford es una Historia en mayúscula encarnada en las historias en minúscula”

IV Congreso de Filosofía y Cine

“El vector que domina en las películas de John Ford es una Historia en mayúscula encarnada en las historias en minúscula”

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“El vector que domina en las películas de John Ford es una Historia en mayúscula encarnada en las historias en minúscula”

El que fuera fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, ha impartido una conferencia en la Universidad Católica de Valencia (UCV) sobre el cine de John Ford. Torres Dulce, que siempre ha compaginado su labor como jurista con la divulgación y crítica cinematográfica, colabora con el Congreso de Filosofía y Cine que anualmente organiza la Facultad de Filosofía, Letras y Humanidades, y que el próximo mes de octubre celebrará su cuarta edición, centrada en las obras de este director, de Roberto Rossellini y de los hermanos Dardenne.

El ponente fue parte de la redacción de la revista de cine fundada por José Luis Garci, Nickelodeon, y uno de los contertulios del programa ¡Qué grande es el cine!, que estuvo más de una década en antena. Torres-Dulce se declara amante del género western y destaca entre sus películas favoritas Centauros del desierto, de John Ford. Al legendario director ha dedicado también algunos de sus libros, como El asesinato de Liberty Valance (Hatari Books, 2020) o Jinetes en el cielo (Notorious, 2011), en el que disecciona la trilogía de la caballería, formada por Fort Apache, La legión invencible y Río Grande

Designado por su muchos de sus amigos cinéfilos como “el padre de John Ford” por su dominio de la filmografía del director, Eduardo Torres-Dulce ha comenzado su conferencia aludiendo a la admiración que Orson Welles sentía por el cineasta de origen irlandés: “Llegó a señalar que los tres directores más grandes de la historia del cine eran para él John Ford, John Ford y John Ford, y que fue él quien le permitió definir en dos los rasgos principales de su estilo como realizador: no mover la cámara y ser al mismo tiempo, un poeta y un comediante, con un claro eco shakesperiano”.

Las películas de Ford, según ha explicado el jurista, dominaban en la pantalla la presentación del espacio, el tiempo, las miradas, y, de una manera singular, la emoción; todo ello al servicio de “mostrar la vida de las personas como una dialéctica entre lo individual y lo colectivo, que acaba enalteciendo el sacrificio de las personas en favor de los otros o de su comunidad”. “El vector que domina en las películas de John Ford –ha precisado Torres-Dulce- es una Historia en mayúscula encarnada en las historias en minúscula”. En este sentido, ha reconocido que "las raíces de Ford eran, además, claramente cristianas, católicas, custodiadas con fidelidad como parte de su legado como americano que no olvidó sus raíces irlandesas".

La conferencia de Torres Dulce, impartida en la Sede Santa Úrsula, ha permitido a los asistentes comprobar estas tesis sobre Ford, a través de una selección de nueve cortes de momentos esenciales de sus películas, como la escena de la aparición de Jon Wayne en La diligencia (EE.UU., 1939), “que rompía todos los esquemas fordianos de manejo de la cámara para presentar a un entonces desconocido John Wayne, representando a un antihéroe fuera de la ley, que iba a cuestionar los fundamentos de lo considerado como la buena civilización”.

El ponente también se ha apoyado en otras películas representativas para mostrar algunas convicciones del cineasta: la necesidad de saber que la historia de los pueblos necesita leyendas, pero que el heroísmo real es patrimonio de personajes anónimos y humildes (Fort Apache, 1948); la consideración de que el valor del ejército radica en las personas que encarnan ese servicio buscando resolver los conflictos de manera pacífica porque reconocen a sus compañeros y a sus adversarios como personas (La legión invencible, 1949), así como la centralidad del amor para la persona (El joven Lincoln, 1949; El hombre tranquilo, 1952; Misión de Audaces, 1959; Centauros del desierto, 1956).

La conferencia ha culminado con una escena de El hombre que mató a Liberty Valance (1962), “en la que Ford retrata la profundidad de los personajes en el modesto ambiente de una casa de comidas, abriendo los ojos del espectador a la heroicidad en la vida cotidiana”, y con el impactante final de su última película, Siete mujeres (1966), en la que el sacrificio de una médico para salvar la vida de una misioneras en China “muestra hasta qué punto la sensibilidad cristiana de Ford era capaz de saltarse tópicos y apariencias para plantear al espectador donde se encuentra la caridad más genuina”.

Torres-Dulce también ha querido hacer hincapié en que, si bien Ford es un director de personajes masculinos, retratos como las protagonistas de El hombre tranquilo o Siete mujeres “muestran la altura moral de las mujeres que buscan ser ellas mismas con la más insobornable búsqueda de actuar con libertad”. Asimismo, ha incidido en el legado humanista y cristiano del director, “que desmentía cuantos relatos periodísticos habían querido deformar su imagen como si tratase de alguien reaccionario”. En este sentido, ha aludido a la figura del recientemente desaparecido intelectual y novelista Javier Marías, “que nunca dudó en corregir esas deformaciones, ensalzando sin reservas la talla intelectual y artística de John Ford y su compromiso con los valores de una civilización verdaderamente humana”.

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