No os olvidaremos (Carlos Novella, Las Provincias)

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En estos últimos días en las noticias, en la calle, en las conversaciones entre familiares, vecinos y amigos, el deseo que más ha sido propuesto para el año nuevo ha sido olvidar el 2020, pasar página sobre todo lo acontecido en este fatídico y desafiante año. Este deseo tan compartido por los españoles es más que comprensible por el dolor y el sufrimiento padecido desde la llegada de la pandemia. En sus meses más virulentos nuestro temor a lo desconocido anulaba nuestra esperanza de una remontada. La incertidumbre sobre su fin nos hacía respirar profundamente con lágrimas en los ojos y la amenaza de su propagación nos cortaba el aliento cada vez que salíamos a reponer nuestras despensas. Aunque ya han pasado casi diez meses desde su llegada a España, en algunas personas sigue latente cada una de esas percepciones. Digo en algunas porque en otras también sigue su misma actitud que cuando llegó, es decir, no creer en su poder destructor y sentirse héroes con poderes especiales para repeler el envite vírico. No sé si llamarlo falta de civismo, irresponsabilidad, inmadurez, superficialidad o, sencillamente, carencia de humanidad y compromiso por el bien común.

La primera lección que esta pandemia nos ha dado es que existe una creciente falta de solidaridad en el mundo. No hay que olvidar que hubo grupos de personas anónimas que con su solidaridad ejemplar elaborando mascarillas suplieron la inacción, el bloqueo y la descoordinación de la política. Los ciudadanos dieron (siguen dando) una lección de superación y unión que faltó en algunos gobernantes que prefirieron proteger las ideas a las personas. Claro que el 2020 ha sido un año duro y desafiante, claro que ha dejado pocas cosas buenas, claro que ha sido un año de dolor y sufrimiento, claro que se ha visto lo vulnerable que es la humanidad, claro que sería bueno olvidarlo. No obstante, respetando comprensiblemente a las personas que deseen borrar de su recuerdo todo el 2020, estoy seguro que estas mismas personas con todo su dolor y rabia no quieren realmente olvidarlo. No quieren porque hacerlo sería olvidar a todas las víctimas de la pandemia. Sería olvidar a todos aquellos que por una u otra razón han dejado este mundo en este año pasado. No sería justo sino egoísta. La mejor forma de homenajearles sería recordarles y convivir con su ausencia para dignificar su marcha.

La situación que hemos vivido y continuamos viviendo hizo que muchos se fueran en soledad, otros que ni tan siquiera tuvieron la oportunidad de llegar a ser atendidos, otros que en su momento final fueron acompañados por la mano de un sanitario anónimo, otros que fueron descartados solamente por su edad, por ser mayores. ¿Realmente es un año para olvidar y pasar página? ¿No debería ser un año para reflexionar sobre las carencias de humanidad que han aflorado con este desafío pandémico? No podemos olvidar a las víctimas de la pandemia, a las personas mayores y jóvenes que fallecieron, como tampoco a las víctimas del terrorismo, a las víctimas de accidentes, a los fallecimientos por enfermedad. No podemos olvidar a los conciudadanos que se han ido, a familiares y amigos que ya no están aquí. No sería justo su olvido. Todo lo contrario, deben estar presentes en cada decisión de futuro que tomemos por este país, por España. Es lo que nos debe llevar a hacer mejor nuestras sociedades que avanzarán sin olvidar para que no vuelva a ocurrir. Se han cometido errores, omisiones, desatenciones e improvisaciones. ¿Merecen todos los que ya no están que les olvidemos junto al 2020? No lo hagamos. Cada vida perdida es una razón e impulso para mejorar y proteger a muchas otras, para motivar el cambio. Ya es suficientemente doloroso perder esa misma vida como para permitir que sea todavía más doloroso su olvido. Dolor en los que se quedan y dolor en aquellos que contemplan como su vida perdida no tiene ningún valor, paradójicamente, solamente lo tiene para el abrazo del olvido. Es preferible brindar en la entrada del año nuevo por los que nos han dejado en el 2020, por los que estamos y por lo que hemos aprendido desde el mismo sufrimiento. La mejor forma de mantener viva su memoria no es olvidar sino aprender a convivir con las ausencias que es lo mismo que no olvidar. No os olvidaremos como tampoco lo haremos con Gregorio Ordóñez que en el 2020 cumplió 25 años de su asesinato a manos de ETA. Todas las vidas tienen valor y deben estar por encima de cualquier idea o decisión sine die. Este es el verdadero valor y sentido de la humanidad.

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