Súplica a Santa Teresa de Jesús (Cardenal Arzobispo Antonio Cañizares, La Razón)

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El pasado 26 de septiembre se cumplieron los cincuenta primeros años de la proclamación de Santa Teresa de Jesús como primera mujer Doctora Universal de la Iglesia. Nos acercamos por lo demás al día de su fi esta el próximo quince de octubre. Ante el pasar casi desapercibida para el común de los españoles, de la que ella es copatrona, la celebración de este cincuentenario, permítanme que dirija una oración a la Santa Abulense, desde esta página de LA RAZÓN, precisamente en estos «tiempos recios» –expresión teresiana– que atravesamos en nuestra Patria: «Santa Teresa de Jesús, querida madre Teresa, eres Doctora universal de la Iglesia, maestra de la sabiduría, porque has preferido la sabiduría de Dios a todos los cetros de la tierra, y a todas las riquezas. Necesitamos esa sabiduría, particularmente en tu España, porque da la impresión que estamos en trance de perder la cabeza, de no pensar, de vivir desorientados sin sabiduría y sin verdaderos sabios al margen de la sabiduría: La sabiduría de Dios que nos lleva a saborear la verdad suya y la verdad del hombre, inseparable del amor y de la misericordia, de la concordia y de la esperanza en tiempos recios.

«Tú eres maestra que muestras la verdad, la verdad que nos hace libres, la verdad que se realiza en el amor, en la contemplación del amor que saca amor y saca obras de amor, que es lo que Dios quiere. Necesitamos una cultura nueva, la única capaz de humanizar nuestro mundo tan deshumanizado, que es la cultura del amor y de la verdad, que engendra libertad y hace hermanos. Necesitamos generar una nueva cultura. España lo necesita, como el comer, una cultura de vida, que supere una cultura de muerte que es por donde parece que nos quieran llevar los poderes de este mundo, secundando al ‘príncipe de la mentira’, de la esclavitud y de la confrontación.

«El Evangelio de Jesucristo, como tú nos lo muestras, y que aprendiste contemplando a Cristo “humanado y muy llagado”, tiene una capacidad inmensa –toda– de humanización y creación de cultura, de fraternidad. Danos tu luz y tu sabiduría para que acertemos en estos momentos a orientar ámbitos, espacios, personas e instituciones, comunidades cristianas, parroquias vivas, pueblos y ciudades, que confi guren esa nueva cultura y nueva civilización del amor y dela verdad, porque creen en el hombre y apuesten decididamente por su verdad; que crean que el camino de la sociedad y de la Iglesia no es otro que el hombre, mi hermano, tal y como es querido por Dios en Jesucristo, donde se dé el gozo de la verdad. En tus manos pongo esta Iglesia que peregrina en tierras españolas, sin duda muy queridas por ti, en tus manos pongo España, tan tuya, a ti te la confío, a ti te imploro para que la sabiduría que te ha guiado, la verdadera sabiduría que procede de Dios y le asiste en su trono, sea la única que a nosotros nos guíe. «El Papa Francisco, a quien tú proteges como a todos los sucesores de Pedro, acaba de publicar una carta Encíclica sobre la fraternidad y la amistad social que tanto bien nos va a reportar a los hombres y los pueblos, particularmente a España que anda por sendas de riesgo, de oposición y enfrentamiento, en que se nuble y oscurezca la verdadera senda de la fraternidad. Pero para esto necesitamos de esta sabiduría que con tanta fuerza brilla en tu “humanidad” tan viva y verdadera.

Sigue socorriendo al Papa y a todos nosotros, tus protegidos españoles, alcánzanos la sabiduría de la verdad y del amor que te condujeron a ti y a tus hijas en todo y que es la única capaz de guiarnos en estos tiempos que Dios nos ha concedido vivir con esperanza en la misericordia que tú cantabas sin cesar con tanta certeza, confi anza y convicción. Intercede por nosotros, por todos, y que aprendamos de ti a orar, porque es en la oración, como nos has enseñado, donde está el “camino de la perfección”, de la verdadera humanización, sin la oración nada podemos ni podremos, porque sin Dios nada podemos ni podremos. Necesitamos esa sabiduría que te condujo por los caminos de la perfección, a decirle contigo a Dios: “¿Qué queréis hacer de mí?” “Sólo Dios basta”, porque en Él y de Él viene el amor, el que aprendemos de la sabiduría de Jesucristo “muy llagado”, que nos ha hecho ser hermanos por su amor y de amarnos como lo que somos, “todos hermanos”. «Que Dios bendiga a todos y que Tú, santa Teresa nos protejas y guíes a esta España tan tuya, en todos sus ámbitos y lugares, personas y edades, y en todo el mundo, como también en toda la Iglesia, para que Dios regale una lluvia de abundantes gracias del Cielo, las gracias que nos lleven por el camino de la fraternidad universal con los hermanos, que son todos»

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