Participa en la elaboración de un informe sobre los efectos sociológicos de la COVID-19

Javier Ros: “La pandemia nos debe llevar a la búsqueda insaciable de la verdad frente a la cultura dominante hija del poder político y económico”

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Javier Ros: “La pandemia nos debe llevar a la búsqueda insaciable de la verdad frente a la cultura dominante hija del poder político y económico”

Javier Ros, profesor de la Universidad Católica de Valencia (UCV), está trabajando junto con otros investigadores de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer en un informe sobre la situación que estamos viviendo por la pandemia, que sugiera líneas de actuación diocesana en estos momentos.

La convocatoria, a petición del Arzobispado de Valencia, fue realizada por el decano de la Facultad, Vicente Botella a todo el profesorado, pero especialmente a aquellos docentes que habían publicado algún tipo de reflexión sobre el tema. De este modo, se han llevado a cabo varias reuniones de trabajo durante el mes de junio con asistencia presencial y telemática de los profesores y se han elaborado varios borradores del texto con la colaboración de todos los participantes.

Según ha reconocido Ros, se ha evidenciado la necesidad de un examen de la pandemia y todo o que ello ha supuesto, desde la fe y la reflexión teológica. “La línea fundamental ha sido reavivar la esperanza frente al sufrimiento que ha supuesto, y está suponiendo para muchos, esta situación. Partiendo del análisis de la realidad social que ha significado la pandemia, una situación que no se conocía en Occidente desde la mal llamada ‘gripe española’ y que estaba totalmente fuera de nuestro imaginario colectivo, el informe ha valorado el hecho de vivir la fe sin las celebraciones comunitarias y el sentido de la Iglesia durante la pandemia y el estado de alarma”.

Igualmente, “se ha tratado de dar respuesta a qué va a significar evangelizar y cuál va a ser a misión de la Iglesia en la salida del confinamiento, todo ello también en relación al sínodo diocesano que está en marcha”.

Ros, que también ejerce como profesor de Sociología general y de la Religión en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer, ha contribuido a la investigación evidenciando la importancia que ha tenido la familia en esta situación. De hecho, según ha detallado, “se han vivido experiencias de la fe muy interesantes en el ámbito de la iglesia doméstica que es la familia, especialmente alrededor de la Semana Santa y la Pascua. La familia ha sido el lugar de convivencia durante el confinamiento y esto ha llevado a que sus miembros hayan tenido tiempo para re-conocerse en medio de la vorágine de la vida actual, pero al mismo tiempo ha llevado, entre otras cosas, a que hayan salido adicciones ocultas, lo que ha producido situaciones de estrés y dificultades añadidas”.

Igualmente, el sociólogo ha subrayado que, en cualquier contexto de dificultad como es el actual, “la familia es fundamental, porque es una institución que se basa en la incondicionalidad. Es significativo ver cómo cuando más se aquilata el amor en la familia es en momentos de sufrimiento”.

“Desde luego, la familia va a jugar un papel decisivo en la gran crisis económica que se nos viene encima, como ya lo hizo en otras crisis anteriores”, ha precisado Ros, que considera en España “no está convenientemente reconocida”.

Los resultados del informe se publicarán próximamente, en fecha aún sin concretar.

REACTIVAR LA CONCIENCIA SOCIAL

“La pandemia nos debe llevar a plantearnos reactivar la conciencia social. Conciencia que pasa, en primer lugar, por el desarrollo del pensamiento crítico entendido como la búsqueda insaciable de la verdad frente a la cultura dominante hija del poder político y económico”, ha reconocido este experto.

Igualmente, ha apuntado que dicha conciencia “pasa por darnos cuenta de que el camino no se encuentra ni en la potenciación del colectivismo comunista que propugna Zizek, ni en ahondar en el individualismo como ha propuesto reiteradamente Giddens, ni en desarrollar un macro estado globalista, recomendado en su día por Beck o Bauman y que resuena cada vez más”.

Así, el sociólogo -que ha estado estudiando este nuevo escenario social desde que comenzara la pandemia- ha sugerido que es imprescindible “colocar a cada actor social en su sitio sin hegemonías preestablecidas para ninguno de ellos: el Estado aunando esfuerzos por el bien común y siendo capaz de gestionar metas que engrandezcan todo aquello que nos pueda unir en humanidad. El mercado siendo capaz de ofrecer bienes y servicios desde la propiedad privada de los medios, pero con un destino universal de lo producido. Un asociacionismo civil, que libre del intervencionismo político y económico a través de las subvenciones, sea defensor del débil y del necesitado”.

Por su parte, la familia ha de entenderse “como lugar de acogida incondicional de la persona en todas sus fases vitales y generadora de capital social a través del don incondicional. Y, dentro de todo este entramado social, la persona como ese ser único e irrepetible, condicionada, pero, en última instancia, libre y siempre capaz de generar nuevas realidades relacionales que nos hagan crecer en humanidad”.

LA MISIÓN DEL CRISTIANO

El profesor Ros ha lanzado igualmente algunas palabras sobre la misión del cristiano en este tiempo de incertidumbre. “Esta es la piedra angular. Guardar el compromiso que Dios tiene con cada uno de nosotros por el Bautismo y la Eucaristía que nos lleva a poder permanecer al lado del que sufre. Y permanecer no tanto en ‘las cosas de Dios’ -que tanto pueden ajetrearnos y son importantes- sino permanecer ‘en Dios’ para desde ahí saltar a la misión”.

“Hoy en día, en esta posmodernidad acelerada e hipermutante, la fidelidad -especialmente en las peores situaciones- es un rayo de eternidad en el mundo. Mirando a María constantemente, que siendo experta en humanidad supo permanecer al pie de la cruz”, ha afirmado.

Por todo ello, el docente ha subrayado que “el anuncio kerigmático fue transformando la vida de las personas, haciendo surgir pequeñas comunidades y creando una cultura de la vida donde, como apunta la Didaché, los cristianos no abortaban, no abandonaban a sus hijos ni a sus enfermos. La Iglesia no es una ONG, va mucho más allá: es poseedora del secreto de la vida eterna y por eso es capaz de cuidar la vida en cualquiera de sus ámbitos y, así, transformar la sociedad. Sobran muchos ‘tenemos qué’ y ‘debemos hacer’ que rozan el pelagianismo, pero también sobran otros tantos ‘Dios lo hará’ tangenciales al luteranismo”.

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