Educación y prevención (Silvia Sempere, Paraula)

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El día 25 de noviembre se torna si cabe más presente la necesidad de luchar contra la violencia que se ejerce contra las mujeres y que vulnera sus derechos humanos. En la exhortación apostólica postsinodial Amoris laetitia, sobre el amor en la familia, el papa Francisco destaca “(…) la vergonzosa violencia que a veces se ejerce sobre las mujeres, el maltrato familiar y distintas formas de esclavitud que no constituyen una muestra de fuerza masculina sino una cobarde degradación. La violencia verbal, física y sexual que se ejerce contra las mujeres en algunos matrimonios contradice la naturaleza misma de la unión conyugal”.

Las estadísticas oficiales muestran una parte de la realidad que estas mujeres y sus hijos sufren diariamente este maltrato, puesto que los delitos no denunciados parece que no existan. Según el Boletín Estadístico Mensual de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, actualizado a septiembre de 2019, las víctimas mortales desde el mes de enero ascienden a 46 mujeres, de las cuales 37 no habían presentado denuncia previa contra sus agresores, y tres menores víctimas mortales, en dos de cuyos casos tampoco constaba denuncia previa.

Estas alarmantes cifras indican que pese a los esfuerzos políticos, legislativos y sociales, la “cifra negra u oculta” de la criminalidad es muy alta, lo que obliga a plantearse que algo falla. La sociedad debe ser capaz de detectar el maltrato que de forma silenciosa sufren tantas mujeres y menores de edad. La lucha contra esta lacra necesita de los esfuerzos de los poderes públicos y de una respuesta eficaz de la administración de justicia, pero las cifras están ahí, y lamentablemente no parece que el futuro sea demasiado prometedor en su reducción.

Por ello, debemos insistir en la educación y en la prevención. Se trata de una respuesta a medio y largo plazo pero hemos de construir la base de una sociedad justa e igualitaria en la que nuestros niños y jóvenes crezcan en el respeto a los valores de igualdad, justicia y dignidad humana. Educar a los niños en el respeto a la mujer, en la igualdad de mujeres y hombres, en la prevención de la violencia y la agresividad, pero también educar a las niñas en las relaciones sanas de pareja, en las que no cabe el abuso emocional o físico.

La información y la formación se alzan también como dos remedios para impedir el crecimiento de este tipo de violencia. Si una mujer conoce sus derechos y sabe que hay personal especializado que le ayudará, tendrá más posibilidades de decidir libremente y denunciar. No basta con actuar después; es imprescindible prevenir y evitar que esta violencia siga produciéndose, responsabilidad que no solo recae en los poderes públicos sino en la propia sociedad.

Silvia Sempere

Coordinadora del Grado en Criminología UCV

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