Las comunicaciones sociales (Cardenal Antonio Cañizares, La Razón)

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El domingo próximo, domingo de la Ascensión del Señor, celebraremos la Jornada Mundial para las comunicaciones sociales. Todos reconocemos el poder que hoy han alcanzado los MCS: el quinto poder. A las nuevas generaciones cada vez las educan menos la familia, la escuela y otras instituciones tradicionales y cada vez influyen más en ellas los MCS. Los medios, qué duda caben, pueden ser un medio colosal al servicio de la verdad que nos hace libres y de una comunicación que estrecha lazos de convivencia y paz. Pero frecuentemente su poder la falsea y degrada, imponiendo la sumisión a poderes y grandes intereses.

A cualquier hombre de bien ha de preocuparle que estos medios sirvan para la comunicación y la paz entre los hombres y para la verdadera liberación de unos y otros: para ello, es necesario, que sirvan ala verdad, la verdad del hombre y de la persona humana, la verdad de la dignidad inviolablede todo ser humano, la verdad que nos hace libres con la libertad verdadera, incluida la libertad religiosa. En ellos está en juego en buena medida el futuro del hombre.Habremos de mantenemos libres, lúcidos y críticos frente a los mensajes de información de estos medios y no aceptar sin más lo que nos den, como por desgracia puede ocurrir.

Es necesario caminar en la verdad para no caer en el pensamiento único, que está conduciendo de hecho a una determinada cultura que implanta el relativismo, verdadero cáncer que destruye al hombre y el

tejido social. No es infrecuente que incluso se justifiquen ataques, burlas de la fe, a los valores cristianos y a la Iglesia en los medios de comunicación social y en otras manifestaciones culturales o mejor pseudoculturales, que se presentan como exigencias de la libertad de expresión, necesaria, se dice, en una sociedad pluralista, en una democracia libre.

Los medios tienen una fuerza inmensa, que puede conducir a la salvación o a la ruina de individuos y pueblos. De ahí lo mucho que importa no tragarse, sin juicio ni discernimiento, cuanto nos imponen y, sobre todo, poner a estos medios al servicio de una sana opinión pública, sobre todo en materias de vital importancia como el valor de la vida, la estabilidad y fecundidad de la familia, la paz y la guerra, los derechos humanos, la religión y la moral. Los medios al servicio de la verdad, al servicio del hombre, al servicio de la convivencia, al servicio de la libertad y, dentro de la libertad, la libertad religiosa sin la que no hay posibilidad de vivir en libertad.

A propósito de la libertad religiosa dijo Benedicto XVI en la ONU: “Los derechos humanos deben incluir el derecho a la libertad religiosa, entendido como expresión deuna dimensión que es al tiempo individual y comunitaria, una visión que manifiesta la unidad de la persona, aun distinguiendoclaramente entre la dimensión deciudadano y la de creyente. Es inconcebibleque los creyentes tengan que suprimir unaparte de sí mismos, su fe, para ser ciudadanosactivos. Nunca debería ser necesariorenegar de Dios para poder gozar de lospropios derechos. Los derechos asociadoscon la religión necesitan protección sobretodo si se los considera en conflicto con laideología secular predominante o con posicionesde una mayoría religiosa de naturalezaexclusiva. No se puede limitar laplena garantía de la libertad religiosa al libreejercicio del culto, sino que ha de tener ladebida consideración pública de la religióny, por tanto, la posibilidad de que los creyentescontribuyan a la construcción delorden social. A decir verdad, ya lo estánhaciendo, por ejemplo, a través de su implicación influyente y generosa en una ampliared de iniciativas, que van desde las universidadesa las instituciones científicas, escuelas, centros de atención médica y a organizacionescaritativas al servicio de losmás pobres y marginados. El rechazo a reconocerla contribución a la sociedad, queestá enraizada en la dimensión religiosa yen la búsqueda del Absoluto, expresión porsu propia naturaleza de la comunión entrepersonas, privilegiaría efectivamente unplanteamiento individualista y fragmentaria la unidad de la persona” (Benedicto XVI).

Publicado en La Razón el 24 de Mayo de 2017.

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