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Observatorio de Bioética

“Mejorar a una persona con edición genética es un eufemismo de eugenesia y dedicar recursos a ello resulta obsceno”

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“Mejorar a una persona con edición genética es un eufemismo de eugenesia y dedicar recursos a ello resulta obsceno”

El Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia (UCV) ha celebrado el Congreso de Biología Sintética y Futuro Humano: posibilidades, límites y desafíos bioéticos, que ha reunido a expertos nacionales e internacionales. Entre las intervenciones más destacadas en la jornada se ha hallado la del vicedirector del Centro Nacional de Biotecnología, Lluís Montoliu, investigador científico del CSIC. Montoliu ha analizado en su ponencia “la tentación de crear superhombres”, punto sobre el que ha sido tajante: “Es obsceno dedicar recursos a tratar de mejorar a una persona mediante edición genética. No se trata más que de un eufemismo de eugenesia”.

“Me preocupa que se desarrollen aplicaciones que no buscan curar enfermedades, sino añadir características físicas o psíquicas. Es algo de lo que deberíamos alejarnos, pues recuerda a escenarios de películas de ciencia ficción en las que se seleccionan los ‘mejores’ embriones. En realidad, hoy ya existen prácticas cercanas a esa idea en algunos lugares; la tecnología nos está llevando a ofrecer ‘niños a la carta’”, ha lamentado.

Montoliu ha relatado que algunas empresas que aseguran ser capaces de seleccionar embriones “supuestamente más inteligentes, longevos o sanos”, lo que supone un “error”. Aplican índices de tipo “probabilístico” para asegurarlo, pero el resultado “no será necesariamente así”. Incluso cuando la edición genética “se intenta justificar por motivos médicos” —por ejemplo, evitar una predisposición genética a una enfermedad—, “no tenemos aún el control suficiente como para asegurar que al modificar algo no estemos alterando otras funciones. Usamos herramientas biológicas que no son perfectamente específicas”.

“Las bacterias, de donde provienen esas técnicas, necesitan cierta flexibilidad para defenderse de un virus, no una precisión absoluta. En cambio, nosotros necesitaríamos una especificidad total, y ahí hay una limitación. Se están desarrollando variantes más precisas, pero hay que asumir que ninguna está exenta de riesgos, igual que otras terapias médicas también tienen riesgos”, ha aducido.

Para el investigador del CSIC “no se trata de aplicar estas terapias sin control, sino de ser conscientes de sus beneficios y sus límites”. En ese contexto, Montoliu ha puntualizado que “es importante considerar la opinión del paciente. En enfermedades graves o raras, muchos prefieren asumir el riesgo porque conocen el curso de la enfermedad si no se hace nada”.

“Hasta hace poco, metíamos toda la edición genética en el mismo saco, pero es muy variada. Cada vez las técnicas son más seguras y eficaces, y suscitan menos riesgo. Aun así, nunca vamos a tener una herramienta con riesgo cero; eso siempre va a estar sobre la mesa. A pesar de ello, desde que la edición genética se empezó a utilizar de forma profesional en 2013, hay más de ciento cuarenta enfermedades en ensayos clínicos con edición CRISPR, muchas de ellas incurables hasta ahora. Eso, en tan poco tiempo, es muy significativo”, ha explicado.

La edición genética de humanos tiene “mejor acogida social” que la de cultivos, a pesar de las pruebas

Montoliu se ha referido también a la edición genética de cultivos: “Se han logrado avances, con plantas mejor adaptadas a la sequía o a la salinidad, más resistentes a plagas o con características productivas mejoradas. En este caso, seguimos aferrados a ese miedo ancestral a lo desconocido, incluso después de más de veinte años confirmando que no hay problemas ni para la salud humana ni para el medio ambiente”.

“Las modificaciones genéticas relacionadas con la salud tienen mejor acogida social que aquello que consumimos como alimento. Es decir, lo que tomamos para tratar una enfermedad y lo que comemos se perciben de manera distinta, probablemente por razones poco racionales. Por eso, aunque muchas de las nuevas terapias génicas no sean inocuas y tengan cierto riesgo, la gente está más dispuesta a asumirlos”, ha aseverado.

“Si no profundizamos en las cuestiones que surgen con la práctica científica en biología sintética, las lógicas económicas tomarán las riendas del debate y los dilemas éticos que nos ocuparán después”

Por su parte, la profesora de Filosofía de la Ciencia de la Universidad Campus Bio-Medico de Roma (Italia) Marta Bertolaso ha planteado en el congreso varias disquisiciones epistemológicas emergentes en el campo de la biología sintética: “Si no profundizamos en lo que está detrás de esas tecnologías y de las cuestiones que surgen con la práctica científica, las lógicas económicas tomarán las riendas del debate y de los dilemas éticos o filosóficos que nos ocuparán después”.

“Vivimos en una sociedad y una cultura donde existen «imaginarios sociotécnicos»; es decir, visiones colectivamente imaginadas de futuros deseables, sostenidas por instituciones de todo tipo y materializadas en prácticas tecnocientíficas. Esto tiene que interesarnos mucho porque las preocupaciones éticas muchas veces surgen de la lógica instrumental que define algunas prácticas en biología sintética”, ha subrayado.

Según Bertolaso, “los imaginarios sociotécnicos organizan la acción científica, lo que se publica y lo que no se publica. Para un investigador es muy difícil salir del lenguaje y los paradigmas ya establecidos en revistas como Nature, Science o Cell; y la biología sintética, de hecho, está guiada por imaginarios. El lenguaje que utilizamos, incluso en la discusión ética, sigue siendo de ese tipo. Cuando hablamos de costes, coeficientes de éxito, control u optimización, en realidad no estamos saliendo del marco epistemológico que ha generado el problema, no cuestionamos los fundamentos. Muchas discusiones no avanzan porque esa razón. Seguimos tratando la vida como algo que hay que explicar, sin cuestionar por qué debe ser así”.

“Si donde surge un problema no intentamos cambiar de nivel de análisis, entender dónde están los problemas y desarrollar un lenguaje que nos permita abrir posibilidades —también en la ciencia—, entonces no estamos haciendo bien nuestro trabajo, ni como científicos ni como filósofos. La ciencia y la técnica han nacido precisamente en este contexto, y creo que en esto los católicos seguimos teniendo una responsabilidad y un reto muy bonito”, ha remarcado.

“Diseñar funciones biológicas no equivale a reproducir la vida”

La profesora italiana ha hecho hincapié en que la filosofía actual tiene por delante una “enorme” tarea: “desarrollar una teoría del organismo y una metafísica del viviente”. Para Bertolaso “la tensión que sufrimos entre reconstruir la vida y comprender su significado sigue planteando cuestiones que no son sólo biológicas; se trata, más bien, de asuntos filosóficos”.

“Los organismos son sistemas complejos que no pueden tratarse desde un enfoque reduccionista. Necesitamos una ontología relacional y una teoría del organismo como unidad dinámica, histórica y contextual. Desde un punto de vista epistemológico, debemos pasar del lenguaje de la síntesis al de la simulación y el diseño. Diseñar funciones no equivale a reproducir la vida”, ha subrayado.

En opinión de Bertolaso, “no hay que buscar tanto una filosofía capaz de resolver problemas biológicos —que serán resueltos por la biología—, sino resolver interrogantes que nacen dentro de la biología, pero que son filosóficos. Es decir, que la filosofía misma tiene que volver a pensar sobre sí misma”.

La ciencia “pierde su alma” si no busca el “bien integral de la persona y de toda la humanidad”

Han inaugurado el acto el rector de la UCV, José Manuel Pagán; el director general de Ciencia e Investigación de la Generalitat Valenciana, Rafael Sebastián; y el director del Congreso y del Observatorio de Bioética, Julio Tudela. El rector ha asegurado en su intervención que el investigador debe aprender a preguntarse “no sólo cómo hacer algo, sino para qué y al servicio de quién. La universidad está llamada a ser un espacio donde las ciencias naturales dialoguen con la filosofía y la teología” para que el científico se plantee esos tres interrogantes.

“No basta con normas; es preciso educar en una mirada que aúne conocimiento y responsabilidad. El desarrollo científico debe orientarse al bien integral de la persona y de toda la humanidad; pues, cuando la ciencia se separa de esta finalidad, pierde su alma”, ha remarcado.

En opinión de Pagán, el desarrollo de la biología sintética sitúa hoy a la humanidad ante “posibilidades inéditas”. La capacidad de intervenir en los procesos fundamentales de la vida “abre horizontes prometedores que, al mismo tiempo, exigen una reflexión más profunda sobre sus límites y sobre la orientación ética que debe guiar tales avances”.

“Cuando la razón se deja iluminar por la verdad del ser humano en su totalidad -y a eso aspiramos en nuestra Universidad- reconoce que no todo lo que es técnicamente posible es, por ello mismo, moralmente legítimo”, ha aducido.

Pagán ha subrayado la necesidad de una ciencia “que no olvide al hombre, que no lo reduzca a objeto, sino que lo reconozca como sujeto, como alguien que no sólo puede hacer, sino que debe preguntarse por el sentido de lo que hace. Así, el progreso se convierte en auténtico desarrollo, capaz de edificar una civilización más humana”.

En ese sentido, el rector ha agradecido el trabajo que realiza el Observatorio de Bioética de “custodiar una visión integral de la persona humana frente a las tendencias que buscan reducirla a objeto de experimentación o a simple material biológico”; la labor de recordar que la dignidad de la persona precede a “toda decisión técnica” y no puede ser subordinada a “intereses utilitaristas”.

Por su parte, el director general de Ciencia e Investigación ha afirmado que es “fundamental” que existan “marcos de diálogo” como el encuentro celebrado en la UCV entre la comunidad científica del área biológica y de otras especialidades: “Hoy necesitamos comités de ética en los hospitales, las universidades... y estos organismos precisan de directrices, normativas, ante los problemas que van surgiendo con el avance de la ciencia”.

“La Generalitat está trabajando en la creación de un comité ético que pueda regular de manera independiente cualquiera de los procesos que tienen que ver con la investigación, no sólo en las universidades, sino también en las empresas que surgen de éstas. En la mayor parte de los casos, son las que finalmente desarrollan los productos que llegan al mercado”, ha relatado Sebastián.

Humanizar la biología sintética

En el congreso ha intervenido también el catedrático de Genética de la Universidad de Valencia, Andrés Moya, que ha impartido la ponencia ‘El sueño de Goethe: ciencia y naturaleza’ en la misma mesa redonda en la que ha participado Montoliu. Moya ha reflexionado sobre la relación entre el conocimiento científico y la comprensión de la vida.

El catedrático emérito de Genética de la Universidad de Alcalá de Henares, Nicolás Jouve, ha participado en la jornada con ‘Humanizar la biología sintética’, ponencia en la que ha disertado en torno a la necesidad de integrar principios éticos en el avance científico.

En la mesa redonda vespertina, el catedrático de Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Valladolid, Alfredo Marcos, ha pronunciado la ponencia ‘Retos biomédicos: entre el futurismo y el cuidado de la dignidad presente’, centrada en los desafíos éticos del progreso biomédico; y el catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia, Vicente Bellver, que ha abordado los modelos de gobernanza de la biología sintética.

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