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Cuando el Estado no es suficiente… y la vivienda (Sara Martínez Mares, Las Provincias)

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Cuando el Estado no es suficiente… y la vivienda (Sara Martínez Mares, Las Provincias)

Tras ver todo lo ocurrido durante la DANA pensé que estamos acostumbrados a mirar a la maquinaria estatal para que resuelva todo. Es más, yo pago mis impuestos y con eso espero que cualquier situación incoherente con un estado del bienestar sea solucionada. Por la misma regla de tres, yo pago mis impuestos y espero que los cuerpos y maquinaria estatales acudan en masa cuando se desbordan los ríos y flotan los cadáveres en ellos. Bueno… por algunos motivos, eso no ocurre exactamente así. Se ayuda con impuestos a unas cosas que el Estado, con su “razón de Estado” –una bonita y legítima manera de evitar decir la verdad al ciudadano–prioriza de acuerdo con algunos intereses que últimamente puede que no sean tan legítimos.

Falló el movimiento oficial, pero los ciudadanos acudimos a los pueblos afectados porque todos tenemos a alguien ahí, un primo, una hermana, una amiga que ha visto a la muerte cara a cara. Así empieza la cadena del bien. Nos unen los lazos familiares y se extienden en la lejanía del ejercicio compasivo hacia ese otro desconocido que es hermana o prima de alguien, como mi prima lo es de mí; y del lazo familiar, pasamos al lazo político. Valencia ha sido un ejemplo, una luz, que hubiera debido salir en los medios día y noche, transmitiendo que las instituciones intermedias que conforman la sociedad civil, es decir, familias, iglesias, colegios, asociaciones, empresas y particulares, decidieron perder de lo suyo –tiempo y dinero—para que otros se recuperen y sacar así la mejor parte humana. Los “voluntarios” hicieron ver una cruda verdad: el Estado es necesario, pero quizá no tanto; hicieron ver que la comunidad política de a pie podemos ejercitar nuestro derecho a la acción pública –nunca reducible al voto, por cierto-, no porque seamos fuertes o competentes, sino porque estamos vinculados unos con otros, ob-ligados unos con otros.

Mientras haya familia tenemos asegurado el cuidado cuando somos vulnerables; mientras haya amigos e intimidad, tenemos un foco de resistencia y una sólida defensa contra la total esclavitud, decía el profesor de Oxford C.S. Lewis; mientras sostengamos en el tiempo una amistad política (philia politiké) como forma de vínculo basado en la palabra compartida, en el juicio plural y la responsabilidad por el mundo, entonces estaremos capacitados para humanizar el encuentro que propician las instituciones que hemos construido, como indica Hanna Arendt en sus escritos. Ambos tipos de amistad se pueden dar en el salón de tu casa, en los cafés, asociaciones, comunidades de fe, de conocimiento o artísticas. Señalan algo más que la mera socialización, que las llamadas soft skills, que la camaradería y que la cooperación. Confiemos de corazón en que no estamos unidos únicamente por transacciones económicas ni sólo representados en juegos cooperativos. Un vínculo humano de este calibre es difícil de ver en una matriz económica. Y con esto me acerco ya al punto que quería compartir.

Esos lazos de relación –familiares, de amistad y de amistad política –son los que en tiempos de crisis brillan con más fuerza. Por eso, la sociedad civil puede responder a otra catástrofe cuya magnitud no terminamos de imaginar: el acceso de las ya constituidas familias, especialmente las ya numerosas, incluso con trabajo estable y compromiso ético, a la vivienda de alquiler. Juntos tenemos el poder de responder ante el reduccionismo de la sociedad comercial que ve en todo un valor de cambio, que es lo mismo que decir que nada tiene valor intrínseco. Pero ¡sí que hay valores intrínsecos! Por ejemplo, la persona y su dignidad. Se me ocurre que pudiéramos lograr que propietarios accedan a poner precios por debajo de lo que llaman “mercado” sin dejar de obtener cierta rentabilidad, que se piensen dos veces antes de subir el precio del alquiler puesto que no están obligados a hacerlo, que se sientan seguros con su propiedad y que las inmobiliarias también muestren su faceta solidaria. Como un ejemplo entre varios, esto intentará lograr la recientemente constituida asociación sin fines de lucro denominada Familias Numerosas en Hogares Solidarios, FAM(H)S, que se inaugurará el 2 de junio en un acto acogido por Universidad Católica de Valencia. Todo ello porque existe esa otra ganancia de bienes inconmensurables, como mirar a los ojos de la familia que toca a tu puerta y ver la ilusión de un proyecto que comienza o que persiste, como tú una vez; el trabajo y el sinvivir para que otros pequeñitos puedan renovar nuestro mundo común; el desgaste que genera estar pendiente de que sus hijos crezcan en un hogar digno; ves, quizá, el cariño que tú también tuviste en tu casa o quizá, que hubieras deseado tener o, quizá, que no has propiciado en el presente, pero que ahora tienes la oportunidad de reparar ¿Cuántas cosas más podremos ver si nos ayudamos así unos a otros?

 

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