Todas las noticias | UCV

Voluntariado internacional

La UCV impulsa tres proyectos de cooperación en Guatemala para mejorar la salud, el bienestar emocional y el desarrollo infantil

Noticia publicada el

La UCV impulsa tres proyectos de cooperación en Guatemala para mejorar la salud, el bienestar emocional y el desarrollo infantil

Los brazos de las cooperantes apenas alcanzaban para sostener los cuentos, álbumes y primeras lecturas que habían traído desde Valencia. En cuanto los dejaron sobre las mesas, los niños se acercaron para hojearlos, señalar los dibujos y descubrir qué escondía cada página. Cristina Ferrer, profesora de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad Católica de Valencia (UCV), y las estudiantes de tercero de Enfermería Nerea Cervera y Rita Ribera acababan de entregar uno de los cuatro lotes de 13 libros infantiles donados por la Universidad a distintos espacios comunitarios de Guatemala. En estas comunidades, donde el acceso a materiales de lectura es limitado, los cuentos se incorporaron a las actividades de estimulación temprana como un recurso para favorecer el desarrollo integral de los niños.

Esta donación, compuesta por un total de 52 ejemplares, fue una de las iniciativas más destacadas en el marco de uno de los tres proyectos de voluntariado internacional impulsados por el Servicio de Cooperación Universitaria al Desarrollo del Vicerrectorado de Estudiantes y Vida Universitaria de la UCV durante el mes de junio en el país centroamericano. Mientras dos equipos trabajaron junto a la Fundación para el Desarrollo Integral (FUDI) en el diagnóstico comunitario y el seguimiento sanitario y nutricional de familias del departamento de Chimaltenango, un tercero desarrolló en la región de Alta Verapaz un programa de atención psicológica y promoción del bienestar emocional para las jóvenes del Centro de Promoción Ratz'um K'iché.

Comprender antes de intervenir

Antes de cualquier intervención, el equipo desplazado a Guatemala durante la primera quincena de junio necesitaba saber con precisión qué estaba ocurriendo en las comunidades. Ana Micó encabezó esta expedición formada también por Aitana Sierra, Carla Torregrosa y Ángela Tormo, todas ellas enfermeras y estudiantes del Máster Universitario en Urgencias y Emergencias, que elaboró un diagnóstico nutricional y socioeconómico de alrededor de 120 familias en las aldeas de Vista Bella, Chimazat y Chuixilón. El trabajo incluyó mediciones de peso y talla en menores de cinco años y encuestas sobre vivienda, alimentación, educación, empleo, ingresos y acceso a servicios básicos.

La recogida de datos permitió identificar casos de bajo peso, retraso en el crecimiento o riesgo de desnutrición crónica, así como comprender los factores sociales y ambientales que podían estar detrás de esas situaciones. El grupo realizó también un seguimiento socioeconómico en Vista Bella junto a la psicóloga del centro Aq’on Jay, presentó el proyecto en nuevas comunidades y se coordinó con FUDI, las autoridades locales y el Ministerio de Salud para la organización de futuras actuaciones.

Además de esa labor diagnóstica, las cuatro enfermeras prestaron asistencia sanitaria a unas 20 madres y niños incluidos en el programa Nutriendo un Mejor Futuro. Para Micó, “la combinación de ambos estudios proporcionó una visión integral de la realidad comunitaria, permitiendo relacionar el estado de salud y nutrición con los determinantes sociales que influyen en la calidad de vida de la población”. Los datos recopilados servirán para priorizar necesidades, identificar a las familias más vulnerables y mantener un seguimiento nutricional periódico.

Posteriormente, llegó el equipo encabezado por Cristina Ferrer, que se desplazó a Cruz de Santiago y Chuatzité para realizar el seguimiento sanitario y nutricional de menores de cinco años y mujeres embarazadas. En ambos núcleos rurales tomaron constantes vitales, realizaron mediciones antropométricas y encuestas alimentarias, visitaron los hogares e impartieron formación en primeros auxilios a las madres. Además, incorporaron los cuatro lotes de libros infantiles donados por la UCV a las actividades de estimulación temprana desarrolladas en estas comunidades, en la aldea de Joya Grande y en el centro Aq’on Jay, donde el acceso a este tipo de materiales es muy limitado. En total, las voluntarias atendieron a 64 familias y a alrededor de 120 niños, completaron el diagnóstico comunitario de Chimazat y consolidaron el seguimiento de las familias participantes.

La experiencia confirmó que la atención clínica, por sí sola, no basta. Aunque el proyecto tuvo “un impacto directo sobre el estado de salud de los menores de cinco años y de las mujeres embarazadas”, Ferrer advierte de que su eficacia está condicionada por “las condiciones de higiene y de las viviendas, así como por el contexto socioeducativo y cultural de la comunidad”. De ahí la necesidad de combinar la asistencia sanitaria con la educación para la salud, el acompañamiento familiar y actuaciones sostenidas en el tiempo.

Escuchar también es una forma de cuidar

A más de 200 kilómetros de Chimaltenango, la cooperación adoptó otra forma. No había básculas, tensiómetros ni mediciones: la principal herramienta de trabajo fue la escucha. En el Centro de Promoción Ratz’um K’iché, una institución educativa y residencial de Boloncó, en Alta Verapaz, cerca de 170 jóvenes viven internas para poder continuar sus estudios. Allí, Inmaculada Aragonés, vicedecana de Terapia Ocupacional y profesora de la Facultad de Psicología, y Meritxell Porta, alumna del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria, impulsaron un programa centrado en el bienestar emocional.

Durante las dos semanas que permanecieron en el centro, gestionado por la Congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, realizaron 24 intervenciones individuales para conocer cómo experiencias como la muerte de seres queridos, la pérdida del hogar o las dificultades económicas influían en la salud mental de las jóvenes. A partir de esas conversaciones, impulsaron actividades grupales sobre autocuidado, gestión emocional, fortalecimiento de las redes de apoyo, vínculos afectivos y construcción de proyectos de vida, con el objetivo de ofrecerles herramientas para afrontar situaciones de vulnerabilidad.

Tal y como detalla Aragonés, durante la intervención “se hizo especial énfasis en estrategias dirigidas a promover y fortalecer las redes de apoyo social, entendidas como recursos fundamentales que sostienen y acompañan a las personas en el tránsito por experiencias de malestar y sufrimiento emocional”.

La importancia del acompañamiento no solo se reflejó en el trabajo con las jóvenes, sino también en el aprendizaje de Porta, que formaba parte por primera vez de un proyecto de cooperación internacional. “Poder participar en los talleres, en las sesiones de acompañamiento y observar cómo trabaja una profesional con tanta experiencia como Inmaculada ha sido un aprendizaje enorme y me ha reafirmado en que este es el camino al que quiero dedicarme”, explica. De Guatemala se lleva, además del aprendizaje profesional, “la cercanía y el cariño” con el que fueron recibidas y una experiencia que “recomendaría sin dudar a cualquier estudiante que tenga la oportunidad de vivirla”.

Noticia anterior_ La UCV y la AECC en Valencia unen esfuerzos para prevenir el cáncer en el ámbito universitario

Calendario

«septiembre de 2026»
lu.ma.mi.ju.vi.sá.do.
31123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
2829301234
567891011

Opinión y divulgación