Instituto San José de Calasanz
Jesús Conill defiende el papel "insustituible" del docente ante una IA que amenaza la "intimidad" y el "pensamiento propio" del alumno
Noticia publicada el
martes, 12 de mayo de 2026
El catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universitat de València, Jesús Conill, ha defendido en la Universidad Católica de Valencia (UCV) que el docente sigue siendo una figura “insustituible” en un contexto educativo atravesado por la inteligencia artificial. Durante la XIII Jornada del Instituto San José Calasanz, celebrada en la sede Trinitarios, ha advertido de que el riesgo no está solo en el uso de nuevas herramientas, sino en que la tecnología termine por vaciar al alumno “de su sí mismo”, debilitando su “intimidad personal” y su capacidad para "pensar por cuenta propia".
En su ponencia, Conill ha puesto de manifiesto que sería un error presentar la inteligencia artificial como “la solución y la salvación” de los retos educativos, en lugar de entenderla como “un tipo de saber y de hacer” que debe ponerse al servicio de criterios humanos. “La técnica no es fin; los fines los pone la inteligencia humana y la comunidad escolar”, ha subrayado, al recordar que la tecnología puede ayudar a mejorar la enseñanza si se orienta bien, pero no puede sustituir la responsabilidad de decidir qué se considera una verdadera mejora para alumnos y docentes. Por ello, ha insistido en que la pregunta clave no es solo qué puede hacer la tecnología, sino “inteligencia artificial, ¿para qué?”.
Desde esa perspectiva, el filósofo ha reconocido que la IA puede aportar posibilidades concretas al ámbito educativo, especialmente en la personalización del aprendizaje, al adaptarse a cada persona en concreto y elaborar un perfil del alumno según sus capacidades. También ha señalado su posible utilidad para simplificar tareas rutinarias de los docentes y para el análisis de datos en sistemas escolares y administraciones, siempre que estas funciones no desplacen la tarea propiamente formativa.
Esa función del docente, ha apuntado, deberá traducirse en nuevas prácticas educativas. En vez de limitarse a pedir al alumno una redacción o una tarea fácilmente automatizable, ha precisado que “será cada vez más importante enseñar a preguntar, repreguntar, corregir, completar e innovar” a partir de lo que ofrecen los sistemas inteligentes. Se trata, ha sostenido, de utilizar la IA como instrumento educativo, sin dejarse “avasallar y anular” por ella.
Ahora bien, ha avisado de que toda facilidad tecnológica puede tener un coste formativo si no va acompañada de “discernimiento”. “La inteligencia artificial, como todos los instrumentos y tecnologías, al facilitar cosas, deshabilita habilidades”, ha manifestado. En este sentido, ha alertado de que la comodidad y la “pereza mental” pueden debilitar capacidades que la escuela debe cultivar: la atención, el esfuerzo intelectual, el juicio y el pensamiento crítico.
Aprender no es educar
Uno de los puntos centrales de su intervención ha sido la diferencia entre aprender y educar. Conill ha recordado que las máquinas pueden aprender “mucho y rápido”, pero eso no significa que puedan ser educadas. Para el catedrático, la educación no se limita a resolver tareas ni a procesar información, sino que afecta al ser de la persona y requiere cuerpo, biografía, relación y experiencia.
En esa línea, ha cuestionado la identificación entre pensamiento humano y computación. Frente a la idea de que pensar equivale a calcular, Conill ha enfatizado que la inteligencia humana no puede reducirse a procedimientos estadísticos ni a correlaciones de datos. Algunos sistemas, ha aclarado, pueden realizar tareas aparentemente inteligentes, pero no comprenden significados como lo hace una persona.
También ha abogado por la necesidad de una ética común para orientar el uso de estas tecnologías, basada en principios como no dañar, beneficiar, fomentar la autonomía, promover la justicia y garantizar la explicabilidad de los sistemas. Este último aspecto, ha indicado, resulta clave para que los ciudadanos puedan comprender “qué se hace con esos mecanismos”. Además, ha señalado que la experiencia de lo sagrado puede contribuir a alimentar éticas compartidas en una sociedad plural.
“Un grave error generacional”
El catedrático ha mostrado su preocupación por la pérdida de la autonomía personal en la infoesfera digital, resaltando la tesis del psicólogo Jonathan Haidt sobre la ‘Generación Z’. Conill coincide con el autor estadounidense en que la sociedad ha cometido un “grave error generacional” al entregar de forma irreflexiva a los niños instrumentos tecnológicos que actúan como un “estupefaciente”. Según ha explicado el filósofo, citando los análisis de Haidt, el uso abusivo de pantallas está “deformando la capacidad de independencia intelectual” de los jóvenes y pervirtiendo su mente debido a su carácter inmersivo y adictivo.
En este contexto, Conill ha afirmado que “lo que no podemos aceptar es que los medios informáticos nos roben la libertad y la intimidad”. Por ello, ha incidido en la necesidad de que la comunidad escolar actúe de forma unida y deliberativa, porque “la legislación es un elemento necesario, pero insuficiente”. A su juicio, familias, docentes y alumnos deben afrontar juntos el lugar que ocupan la IA, las pantallas y las redes en la educación, desde una ética orientada por la prudencia, la autonomía y la explicabilidad.
Formar en el hábito del pensamiento
La jornada también ha contado con las intervenciones del rector de la UCV, José Manuel Pagán; así como el director y el secretario del Instituto Universitario San José de Calasanz, José Luis Zanón y Ricardo Cerverón, respectivamente.
En su discurso, Pagán ha prevenido sobre la necesidad de abordar la inteligencia artificial con prudencia en el ámbito educativo, especialmente en edades tempranas. “El saber no consiste meramente en poseer respuestas, sino en haber formado el hábito del pensamiento”, ha destacado, al tiempo que ha alertado de que el riesgo de la IA “no está sólo en el contenido que pueda transmitir, sino en el hábito que puede engendrar”, si acostumbra al alumno a recibir respuestas ya elaboradas.
Asimismo, el rector de la UCV ha hecho hincapié en la centralidad del maestro en todo proceso educativo: “El maestro enseña no sólo por lo que dice, sino por lo que es”. Por ello, ha asegurado que “toda renovación auténtica en la enseñanza no comienza por métodos ni tecnologías, sino por la persona del maestro”, y ha recordado, en sintonía con San José de Calasanz, que educar implica abrazar “la totalidad de la persona: mente, voluntad y corazón”.
Desde el Instituto, Zanón ha señalado que el uso educativo de la IA demuestra que “estamos en otra dimensión”, aunque ha defendido que su incorporación debe ir acompañada de una reflexión sobre “sus objetivos y consecuencias” y sobre “su contribución a una humanización comprometida y solidaria”. Por su parte, Cerverón ha repasado las principales iniciativas del curso, entre ellas el premio Padre Vicente Faubell y la próxima publicación de un volumen con las doce jornadas anteriores.
Como cierre, la cita ha incluido la participación de dos estudiantes de la UCV, que han relatado sus experiencias realizando las prácticas de grado en distintos centros educativos escolapios de República Dominicana.