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Benavent invita a "abrir un horizonte" en la reflexión moral y pastoral de la familia "que tenga en cuenta la riqueza de la experiencia humana"

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Benavent invita a "abrir un horizonte" en la reflexión moral y pastoral de la familia "que tenga en cuenta la riqueza de la experiencia humana"

El arzobispo de Valencia y gran canciller de la Universidad Católica de Valencia (UCV), Enrique Benavent, ha presidido en el Aula Magna de la sede de Trinitarios la celebración de la festividad de la Virgen de Fátima, patrona del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II (PITJP II) para Estudios del Matrimonio y la Familia, y ha invitado a “abrir un horizonte que tenga en cuenta toda la riqueza de lo que es la experiencia humana” en la reflexión moral y pastoral de la Iglesia.

El acto, organizado por la sección extraurbana del PITJP II en Valencia, ha servido también para poner de relieve la evolución del contexto cultural y eclesial desde la fundación del Instituto. Benavent recordó que, hace 45 años, “la situación de los jóvenes en Europa y en la Iglesia” era muy distinta a la actual, y valoró las nuevas orientaciones y aportaciones que enriquecen la reflexión académica, moral y pastoral.

En su intervención, el arzobispo ha subrayado la importancia de integrar en esa reflexión realidades concretas como la paternidad, la maternidad, la familia y la transmisión de la fe, desde una mirada pastoral marcada por la cercanía, el acompañamiento y la responsabilidad hacia las comunidades cristianas.

Educar desde la esperanza y las humanidades

Ha participado en el acto el rector de la UCV, José Manuel Pagán, que ha animado a la Universidad y al Instituto a ofrecer a los jóvenes “algo más profundo que respuestas rápidas o simples condenas” ante incertidumbres que muchos viven en torno al amor, la libertad, la identidad, la sexualidad, la apertura a la vida y el compromiso. A su juicio, estas inquietudes revelan una crisis más honda: “la dificultad para comprender quién es el hombre y cuál es el significado de su existencia”.

Evocando a San Pedro, ha pedido a los profesores ser capaces de “dar razón de la esperanza” con “delicadeza y respeto”, uniendo rigor intelectual y cercanía humana, claridad doctrinal y misericordia. En este sentido, ha señalado que los jóvenes necesitan maestros que no sólo transmitan conceptos, sino que acompañen sus preguntas y les ayuden a descubrir “la verdad de la persona” y la belleza del amor humano.

Pagán ha advertido, además, de que muchos jóvenes no rechazan el amor fiel, sino que “dudan de su propia capacidad para sostenerlo” en un contexto cultural marcado por la incertidumbre y la fragilidad de los vínculos. Frente a ello, ha defendido la necesidad de testimonios creíbles que muestren que la fidelidad “no es una prisión de la libertad, sino una forma madura y bella de realizarla”.

Por su parte, el vicepresidente de la sección extraurbana del PITJP II en Valencia, José Manuel Hernández, ha puesto en valor el papel de las ciencias humanas ante lo que ha definido como una “reducción epistémica” de la educación actual. Según ha explicado, “ellas son las que transmiten el conocimiento del pasado, las que transmiten esas ideas que han sido comunicadas de generación en generación porque se apreciaron como certeras, las ideas que forman nuestra genealogía cultural. Sólo así, contando con unos cimientos que nos aporten ideas sobre lo que es la realidad, podremos establecer un diálogo con ella y avanzaremos en su comprensión”.

En este sentido, ha asegurado que “la preocupación del Instituto Juan Pablo siempre ha sido aportar al estudiante esas ideas de comprensión con la finalidad de que él capte el misterio originario que Dios ha puesto en el ser humano y que se desenvuelve en el matrimonio y la familia. Ciertamente, semejante preocupación quedaría frustrada si no contáramos con las ciencias humanas”.

“Devolver a la maternidad toda su dignidad”

La lección magistral ha corrido a cargo de la profesora de la sede central del PITJP II, Claudia Leal, quien ha abordado “la maternidad como patrimonio social y espiritual”, y ha invitado a superar una visión reducida de esta realidad como experiencia exclusivamente privada o biográfica. Ha remarcado que la experiencia materna sostiene la vida común e interpela a toda la comunidad moral, política y espiritual.

Leal ha insistido en la necesidad de integrar esa experiencia en el tejido social y articularla en “un lenguaje común que trascienda lo privado y lo personal”. En esa perspectiva, ha defendido una comprensión de la maternidad capaz de transformar “la visión colectiva sobre el bienestar y la justicia social”.

Asimismo, ha reflexionado sobre los cambios culturales en torno a la maternidad y la paternidad en las sociedades occidentales, y ha advertido de que los hijos no pueden entenderse como una prolongación de los deseos o proyectos personales de los adultos. A su juicio, la experiencia parental constituye “un ejercicio ético y espiritual” basado en la acogida, el cuidado y el reconocimiento de la alteridad del otro.

Finalmente, ha recalcado que la maternidad y la paternidad no deben concebirse como cargas para la sociedad, sino como “una esperanza que la fortalece y la renueva”. Por ello, ha reclamado políticas, iniciativas formativas y una pastoral que acompañen con cercanía y escucha, devolviendo a la maternidad “toda su dignidad” como patrimonio común de toda la comunidad.

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