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Elena Martínez, ganadora del premio Príncipe de Mónaco: “España tiene costa, recursos y capacidad para liderar el desarrollo de la economía azul”

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Elena Martínez, ganadora del premio Príncipe de Mónaco: “España tiene costa, recursos y capacidad para liderar el desarrollo de la economía azul”

Uno de los talentos más apreciados en el mundo de la empresa es el que presentan aquellos con capacidad para convertir una crisis en una oportunidad. En realidad, es algo que los seres humanos pueden hacer en muchos otros ámbitos, incluido el personal. Que todos somos capaces de desarrollarlo, con esfuerzo y constancia, es una de las características de este don singular. Que no hay edad para hacerlo es otra. Lo demuestra con creces la gallega Elena Martínez, alumna egresada del Máster Conjunto en Biotecnología Marina (Joint Master programme in Marine Biotechnology) de EU-CONEXUS, el consorcio de universidades europeas del que forma parte la Universidad Católica de Valencia (UCV).

Martínez, que acaba de defender su tesis doctoral en la UCV, ha matado dos pájaros de un tiro. No sólo ha aprovechado un problema causado por el cambio climático para crear SOS Biotech, una compañía con un exitoso modelo de negocio internacional; además, su actividad empresarial sirve justamente para luchar contra uno de los efectos de la crisis ambiental: la invasión de algas.

Cualquiera que acuda en verano a las playas españolas entenderá muy bien a qué se refiere esta científica emprendedora. También lo han comprendido muchos otros. Gente importante. Martínez ha sido una de las cinco finalistas del Premio Princesa de Girona CreaEmpresa 2026 y una de las diez personas seleccionadas por el programa Re.Generation Future Leaders de la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco, que apoya a jóvenes comprometidos con la sostenibilidad y la acción climática.

¿Cómo explicarías en breves palabras en qué consiste el triunfo de SOS Biotech?

Diría que somos una empresa que genera beneficios económicos, pero con impacto social y ambiental positivo. Generamos empleo local y movemos capital, demostrando que el sector privado no tiene por qué ser negativo para el medio ambiente.

Imagino que ésas son las razones por las que te nominaron al premio Princesa de Girona de emprendimiento y a ser seleccionada para el programa que patrocina Alberto de Mónaco.

Supongo, sí. Además, me hace mucha ilusión haber sido la primera española seleccionada en los años que llevan funcionado los premios de Mónaco, y que sea por la intersección que hace nuestra empresa entre océano y tierra, pesca y agricultura.

Antes de preguntarte que hacéis exactamente en SOS Biotech que resulta tan innovador, aclara qué es eso de la “invasión de algas” y por qué es un problema medioambiental, por favor.

Desde hace un tiempo y, sobre todo, en los últimos diez años, se ha producido una tormenta perfecta para que las algas crezcan masivamente. En primer lugar, las nuevas condiciones medioambientales –aumento de la temperatura y del CO₂– favorecen mucho su crecimiento, al tratarse de organismos fotosintéticos. El otro ingrediente de esa tormenta perfecta es la gran cantidad de vertidos que llegan a los mares, siendo la agricultura una de sus fuentes principales.

La situación ha afectado principalmente a dos tipos de algas: el sargazo flotante (Sargassum fluitans) y el sargazo nadador (Sargassum natans). Estas especies se encontraban antes en una zona concreta del Atlántico, pero ahora se han expandido por todo el océano, creciendo en un cinturón de ocho mil kilómetros. La consecuencia ha sido una llegada de volúmenes jamás registrados en la historia por ningún otro tipo de macroalgas a las costas del Caribe, EE. UU. y la parte occidental de África, incluidas las Islas Canarias. A República Dominicana, donde está basada nuestra empresa, el año pasado llegaron cinco millones de toneladas de estas algas. Se trata de una invasión masiva.

¿Y cuál es el efecto más nocivo de ese desplazamiento del sargazo?

Tras alcanzar las playas, el sargazo se empieza a acumular tanto en el agua como en la arena. Se descompone, se pudre y libera unos gases tóxicos que producen un olor terrible. Ese proceso no sólo es malo para el medio ambiente y la salud humana, también afecta negativamente a la pesca y al turismo. Hasta el punto de que los países afectados por esta invasión sumaron más de mil quinientos millones de dólares en pérdidas en 2025.

¿Qué solución ha puesto en práctica vuestra empresa?

Lo primero que hacemos es recolectar las algas y secarlas para que no se pudran. No se pueden limpiar en la playa, porque en esa fase el sargazo ya ha empezado a descomponerse y porque te llevarías arena en la operación, lo que provocaría una erosión. Por tanto, la limpieza debe hacerse en el agua y lo antes posible. Para eso, hemos diseñado un sistema que llamamos «módulo de recolección litoral».

En lugar de haber creado un tipo de barco recolector de algas desde cero, colocamos nuestro módulo montable y desmontable en embarcaciones pesqueras más pequeñas que se convierten así en naves recolectoras. De esta forma, reducimos el impacto ambiental de haber tenido que producir nueva maquinaria y, además, empleamos a los pescadores para dicha recolección. Se han visto gravemente afectados por la invasión de sargazo y, con nuestra propuesta, consiguen un empleo formal que muchas veces triplica su salario habitual.

‘Show me the money’, Elena. ¿Dónde está el negocio en todo esto?

Las algas estaban consideradas un residuo porque no se sabía qué hacer con ellas. Lo que conseguimos nosotros fue desdibujar la línea entre residuo y materia prima dándole valor al sargazo, que es un bioestimulante. Lo reciclamos y lo utilizamos en el desarrollo de productos para el sector agrícola, otro de los mercados gravemente afectados tanto por la crisis climática como por el aumento de los precios derivado de la situación geopolítica.

Hemos recolectado más de treinta millones de kilos de sargazo en República Dominicana, Antigua y Barbuda, México y Puerto Rico. Ya hemos empezado la comercialización de nuestros desarrollos en EE. UU. y estamos realizando ensayos en España para obtener las licencias específicas de bioestimulante.

Se trata de un componente relativamente nuevo, si no me equivoco.

La Unión Europea empezó a regularlos hace relativamente poco, en 2019. En muchos países no hay normativas para su uso todavía porque son compuestos completamente orgánicos. El tipo de agricultura que se hace hoy en día es un gran factor contaminante y, en ese sentido, nuestros productos permiten reducir el uso de fertilizantes sintéticos, y ayudan a la planta a luchar frente al exceso de calor, la falta de agua o, incluso, las infecciones.

En realidad, los bioestimulantes naturales no son nuevos. Fueron lo primero que utilizó la humanidad en la agricultura antes de la aparición de los fertilizantes sintéticos. Y ahora, sin duda, están volviendo al primer plano.

¿Qué papel otorgas a la biotecnología marina en la economía del futuro y en la lucha contra el cambio climático?

La cantidad de compuestos y utilidades que tienen algas como el sargazo es inmensa. Nosotros mismos estamos haciendo también i+D en dermocosmética y biomateriales. La industria tenía la limitación de los reducidos volúmenes de algas, pero con el sargazo ese problema ha desaparecido. Ahora contamos con cantidades que no pueden igualarse desde la acuicultura.

Al final, la biotecnología permite que la relación del ser humano con el medio natural mejore, porque está dirigida a entender qué se puede obtener de la naturaleza y cómo hacerlo de manera segura y sostenible. Muchas soluciones vienen de replicar lo que la naturaleza ya hace. Sacamos antioxidantes de las algas, por ejemplo, creamos compuestos naturales de protección solar.

¿España debería apostar por la economía azul?

Sí, totalmente. Países como Japón ya lo hacen. España tiene costa, recursos y capacidad para liderarla. La biotecnología azul es una ciencia y que produce tecnologías clave para la sostenibilidad, la pesca, el empleo y el desarrollo económico.

 

Ha dirigido la tesis doctoral de Elena Martínez la profesora Carolina Padrón, de la Facultad de Veterinaria y Ciencias Experimentales.

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