Facultad de Teología
Enrique Benavent: “Ratzinger no se sometió a estereotipos; quien haga una utilización ideológica de su pensamiento, empobrece su figura”
Noticia publicada el
martes, 24 de marzo de 2026
La Universidad Católica de Valencia (UCV) ha presentado el libro El Señor nos lleva de la mano. Homilías privadas (Ediciones Encuentro, 2025), editado y compilado por el jesuita Federico Lombardi, presidente de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, en un acto que se ha celebrado en la sede Trinitarios y que ha reunido a académicos y responsables eclesiales para dar a conocer esta obra centrada en textos inéditos de Benedicto XVI.
En el acto ha participado Enrique Benavent, arzobispo de Valencia y gran canciller de la UCV, quien ha ensalzado con firmeza lo que Ratzinger representó para la Iglesia: “Era un hombre que no se sometía a estereotipos, no había nada de ideología en su comprensión de la fe, en su manera de presentarla. Era su ser creyente, su comprensión de la fe, lo que determinaba su manera de pensar; así que toda utilización ideológica que quiera hacerse de sus palabras lo único que consigue es empobrecer su pensamiento y su figura”.
“No hemos descubierto aún toda la grandeza de Benedicto XVI. Estamos en el mundo de lo inmediato, de lo que tiene una eficacia y unos resultados rápidos, pero los frutos de una figura tan grande como la de Ratzinger se verán con el paso del tiempo. Serán, seguramente, mucho más grandes de lo que imaginamos ahora”, ha asegurado Benavent.
En ese sentido, el gran canciller ha afirmado que, leyendo al pontífice alemán, le resulta “inevitable” compararlo con los Padres de la Iglesia: “Creo que se ve claramente su gran aportación como teólogo. Nunca hizo una teología como un gran sistema; sus homilías tenían una lógica interna, exponía intuiciones iluminadoras, profundísimas; pero, a la vez, estaban siempre orientadas a hacer comprensible la fe al hombre coetáneo. Ratzinger y los Padres eran pastores porque hacían comprensible la fe y predicaban para que el pueblo de Dios creciera en santidad. Podríamos decir que Benedicto XVI fue como un padre de la Iglesia en los siglos XX y XXI”.
“Las homilías de Ratzinger son la antítesis de una actitud fiedísta”
En opinión del gran canciller, “la predicación fue siempre una preocupación de Ratzinger, incluso antes de ser obispo. Siempre le preocupó la teología, no por mera erudición, sino como un servicio a la Palabra, a la predicación. Lo vivió a lo largo de toda su vida ministerial, desde su ordenación como sacerdote hasta estas últimas homilías, que son, podríamos decir, homilías de madurez”.
“Cuando uno lee homilías suyas de cualquier época, se perciben dos constantes. En primer lugar, que él no predica la Palabra al margen de una visión racional de la realidad de nuestro mundo, del análisis casi filosófico de esa realidad. Razón, eso sí, siempre iluminada por la fe. Sus homilías son la antítesis de una actitud fideísta. Él predica la Palabra para el mundo en que le toca vivir, como los Padres de la Iglesia predicaban la Palabra para el suyo”, ha remarcado.
La segunda constante de homilías de Ratzinger, según Benavent, es que “casi todas contienen un toque de erudición. Siempre aprendes cosas leyéndolas. Pero, en su caso, se trata de una erudición vivida con humildad, sin alarde de orgullo. Sus palabras buscan una comprensión más profunda de la Palabra de Dios y muestran una sabiduría al servicio de la predicación”.
Santiago Pons: “En su intuición sobre el futuro eclesial, habló de una Iglesia más pequeña. Pero no entiende esa minoría como refugio, sino como levadura”
En la presentación de El Señor nos lleva de la mano ha participado también el decano de la Facultad de Teología de la UCV, Santiago Pons. Desde su punto de vista, este nuevo libro permite ver “cómo la intuición de Ratzinger sobre el futuro de la Iglesia, que expresó en los años setenta, se realiza silenciosamente en la vida real: la Iglesia del futuro será más pequeña, despojada de privilegios, convertida en una comunidad de decisión libre”.
“Podríamos decir que esa intuición se cumple de modo concreto en esta obra. Las homilías del papa emérito están dirigidas a un pequeño rebaño, a una pequeña familia pontificia; pero precisamente ahí se juega, para él, la fecundidad de la Iglesia: en las victorias discretas y secretas de Dios, en esos hombres y mujeres humildes que ofrecen cada día su servicio a la verdad y a la caridad. La minoría no es refugio, sino levadura”.
Así, Pons ha aducido que estas prédicas de Ratzinger permiten “asomarse, casi de puntillas”, a la “levadura interior” de la fe de Benedicto XVI: “Son una presentación de Ratzinger en su forma más propia: el teólogo que piensa de rodillas, el pastor que predica como quien reza, el creyente anciano que, mientras se apaga la voz, sigue llevando a la Iglesia de la mano hacia el centro, que es Cristo, para que el hombre, empezando de nuevo a ver a Dios, pueda ser curado”.
Por otra parte, el decano de Teología ha explicado que en las homilías de El Señor nos lleva de la mano, Benedicto XVI “diagnostica con una lucidez casi dolorosa el gran problema de nuestro tiempo: el analfabetismo religioso, el no conocimiento de Dios, su «ausencia del horizonte humano», como lo describe él. Y afirma que, para una renovación del mundo, antes que cualquier otra reforma, es fundamental una nueva presencia del conocimiento de Dios”.
“Para él, la verdadera reforma pastoral no comienza en la ingeniería de estructuras, sino en la recuperación de la adoración, de la visión de Dios que cura al hombre y reordena el mundo. Algo semejante ocurre con lo que hoy denominamos sinodalidad. Ratzinger no utiliza este término, pero toda la situación en la que predica es profundamente sinodal: una pequeña asamblea dominical que escucha la Palabra, celebra la Eucaristía, discierne la historia y reza junta”, ha añadido.
“Es un testamento espiritual de Ratzinger. En estas páginas se entrecruzan su última etapa vital y la forma madura de su teología”
Pons ha indicado también que hay “algo de testamento espiritual” en este libro póstumo: “Es la palabra de un teólogo y pastor anciano que, en la intimidad de la Eucaristía dominical, sigue anunciando el Evangelio a una pequeña comunidad hasta que la voz se le apaga. Primero, en la capilla privada de los apartamentos pontificios, cuando aún era papa y en la residencia de Castel Gandolfo; y, después, en la capilla del monasterio Mater Ecclesiae, después de su renuncia”.
“En estas páginas se entrecruzan esa última etapa vital de Ratzinger –entre 2005 y 2017, en un arco que va desde los ochenta hasta los casi noventa años– y la forma madura de su teología. Lo decisivo para entender este libro es que no se trata de material de descarte, sino de homilías que constituyen la forma más depurada de su modo de hacer teología: partir de la Escritura, atravesar la tradición viva de la Iglesia y desembocar en las preguntas concretas del presente”, ha apuntado el decano.
Junto a Benavent y Pons, han intervenido el catedrático de Filosofía Moral Agustín Domingo (Universidad de Valencia); y el director de la Cátedra de Teología Joseph Ratzinger de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Domingo Pacheco. Ambos han aportado sus reflexiones sobre el contenido y la relevancia de la obra en el contexto actual.