María Calvo: “El feminismo puro no rechazaba la maternidad”

Cátedra de la Mujer

María Calvo: “El feminismo puro no rechazaba la maternidad”

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María Calvo: “El feminismo puro no rechazaba la maternidad”

La Cátedra de la Mujer de la Universidad Católica de Valencia (UCV) ha invitado a María Calvo (Madrid, 1967), que compagina su trabajo como docente universitaria de Derecho Administrativo con su pasión por los temas educativos y la defensa de la equidad entre el hombre y la mujer.

María no rehúye ningún debate y la claridad de sus intervenciones la ha convertido en una de las voces españolas más reconocidas en cuestiones como la masculinidad y la feminidad o las actuales dificultades para desarrollar una paternidad y una maternidad plenas. Conversamos con ella antes de su intervención.

La primera pregunta, el día 8 de marzo, ha de ser sobre feminismo. ¿Cuáles han sido las principales pérdidas y ganancias de este movimiento?

Se suele hablar más de las ganancias, como si realmente los movimientos feministas no hubieran tenido pérdidas. Desde la revolución del 68 hasta la actualidad la mujer ha ido implantándose muy bien en el ámbito público; de hecho, una encuesta reciente del 2021 de la OCD afirma que los puestos de alta planificación ya están ocupados por más mujeres que por hombres. También dio una ventaja respecto de los varones en la Universidad: por ejemplo, ahora mismo hay un porcentaje de un 60% de mujeres frente a un 40% de alumnos varones. El problema es realmente si esta mujer de éxito es feliz o no es feliz, pues los psiquiatras hablan mucho de la tristeza de la mujer de éxito.

¿Y cuál es la raíz de esta tristeza?

Que nos hemos desfeminizado: hemos renunciado a esa huella psicológico materna que todas tenemos en pro de un ideal más estéril de feminidad; hemos intentado comernos el mundo profesional, desarrollarnos, pero de una manera un poco narcisista, olvidándonos de que el equilibrio está también en lo que llamaba Juan Pablo II el ‘genio femenino’, la ética del cuidado. Cuando nos desfeminizamos renunciamos a eso también en el ámbito reproductivo y biológico y, por lo tanto, adquirimos una identidad falsa para sumergirnos en un mundo muy masculino.

¿Se puede decir que el feminismo ha traicionado a la mujer al relegar la maternidad?

Sí, de hecho, el feminismo puro no rechazaba la maternidad, pero a partir del 68 la mujer quiso ser independiente del hombre e idéntica a él también en el ámbito reproductivo y biológico, con consecuencias como el aborto y la anticoncepción. Ahora mismo la familia que más está creciendo es un modelo de familia en la que la maternidad ha sufrido una desculturización: en otras décadas, el niño era acogido, era una sorpresa, la familia lo recibía y estaba abierta a la imperfección de los hijos (todos los hijos son imperfectos, las familias somos imperfectas). Sin embargo, ahora la maternidad es a la carta.

En la medida en que puede traer vida al mundo, la mujer se ha vuelto omnipotente y tiene un control sobre la procreación terrorífico.

Esto también ha traído consecuencias sobre la paternidad, a los padres se les ha hecho prescindibles.

Así es…. La familia de madres solas sin hijos es la que más está creciendo actualmente en España y en Suecia, Francia y Finlandia es la familia mayoritaria. Madres solas ha habido siempre por abandono, divorcio y fallecimiento, pero ahora responde a una decisión de mujeres que quieren estar solas, que consideran al hombre perturbador, perjudicial.

El último real decreto ley de permiso de paternidad suprime la palabra ‘padre’; ha sido sustituida por la expresión progenitor distinto de la madre biológica.

¿Y qué está provocando en los niños que se haya apartado al padre?

La mujer está lanzando el mensaje de que el hombre es malo, de modo que, si el hijo es varón, ese niño que no va a atreverse a exteriorizar esa masculinidad. Por otro lado, estamos viviendo en una sociedad que tiene hambre de padre, pues se ha matado simbólicamente la figura paterna y en su lugar hay un vacío que genera mucho desasosiego. Los seres humanos somos genealógicos, estamos hechos de memoria histórica, necesitamos nuestras raíces y el padre es el prólogo en el libro de nuestra vida.

En este sentido, apremia que la mujer sea lo que es, pues en cierto modo de ello depende la identidad del varón y el crecimiento de los niños.

Tenemos que recorrer las mujeres un camino de sanación interior, reconocernos. Muy especialmente tenemos que tomar conciencia del bagaje natural que tenemos. La ideología de género tiene mucho que ver con esa idea de que no existe la naturaleza, de que el sexo no es constitutivo de la persona y eso es falso: la naturaleza clama por salir y la mujer está agotada.

En esta confusión también están influyendo la cultura woke y las políticas identitarias, que han ido más allá del género.

Sí, la cultura woke parte de que la mujer ha sido oprimida a lo largo de los siglos y necesita ser resarcida.  Es un movimiento muy emocional e irracional De hecho, ha tenido manifestaciones violentas en algunos sitios de Estados Unidos. Es también muy dañino porque no exige igualdad, sencillamente porque ahora mismo la mujer tiene mayor valor social y más autoridad en todos los ámbitos públicos políticos y administrativos. Lo que quiere es venganza. Vienen a decir que todos los hombres son opresores, que si has nacido de mujer has nacido víctima, es más, con la cultura woke se ha creado un calificativo absolutamente degradante para el hombre que es el de masculinidad tóxica, un concepto que nace en el ámbito académico y universitario y que asumen con mucha facilidad los gobiernos y las organizaciones internacionales.

Llama la atención que la masculinidad tóxica haya nacido en el ámbito universitario. Justamente, esta Cátedra busca lo contrario: iluminar el sentido de la feminidad y el papel que la mujer puede desempeñar en las distintas esferas de los ámbitos social cultural. ¿Puede darnos algún consejo?

Estamos hechos de naturaleza y de cultura, de biología, de crianza y de educación y tiene que haber una integración equilibrada. Todo el bagaje que llevamos biológico tenemos que integrarlo con lo que culturalmente hemos aprendido. De la revolución del 68 no todo fue malo: nos hizo mujeres más competitivas, más fuertes y eso es bueno.

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