Acto de Apertura de Curso

Juan Sapena, director de la Cátedra Betelgeux: “La Doctrina Social de la Iglesia puede ayudar a la economía a abandonar pensamientos relativistas”

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Juan Sapena, director de la Cátedra Betelgeux: “La Doctrina Social de la Iglesia puede ayudar a la economía a abandonar pensamientos relativistas”

Juan Sapena, director de la Cátedra Betelgeux, ha pronunciado en el acto de partura de curso la lección inaugural. En la misma -titulada Economía: El valor de una ciencia “lúgubre”- Sapena ha aseverado que la doctrina social de la Iglesia “puede ayudar a la economía a abandonar planteamientos relativistas, según los cuales, los fines son algo ajeno a la ciencia económica, que debe centrarse en la eficiencia en la utilización de los medios”.

“La doctrina social de la Iglesia nos dice, por ejemplo, que la iniciativa empresarial constituye un medio para la creación de valor y clave de prosperidad, así como a la difusión del ideal del espíritu emprendedor virtuoso frente al mero confiscador de rentas”, ha expuesto.

De igual modo, Sapena ha subrayado que, para la doctrina eclesial, la propiedad privada no es un valor “absoluto”, sino que está subordinada “a la destinación universal de los bienes de la tierra, que deben poder servir siempre a todos los hombres sean cuales fueren las modalidades de la apropiación en vigor”.

“La doctrina social de la Iglesia implica, en el ámbito de la vida económica, la observación de una serie de principios mayores, como el de solidaridad y libertad, subsidiariedad, de iniciativa y de participación, de autonomía, pero de subordinación al servicio a la verdad”, ha añadido.

La ciencia económica, según el director de la Cátedra Betelgeux, ha avanzado “notablemente” en las últimas décadas en su estudio de la asignación eficiente de recursos: “Las políticas macroeconómicas han buscado infructuosamente el pleno empleo y el crecimiento económico. Los avances en el campo de la microeconomía han introducido matices en la modelización del comportamiento, parcialmente racional, de agentes económicos que buscan su propio interés, o creen hacerlo”.

Este comportamiento “miope”, en opinión de Sapena, “como consecuencia de la heurística empleada ante la incertidumbre a la que se enfrentan con las decisiones en el plano económico” ponen “en jaque” las bases de su ciencia: la elección racional.

“Se aduce, por ejemplo, que la gran mayoría de jóvenes de hoy en día no se comportan de forma racional porque muchas cosas que hacen no favorecen sus mejores intereses y de alguna forma hasta ellos mismos saben que sus decisiones los van a perjudicar”, ha indicado.

Para Sapena ello iría, además, totalmente “en contra del comportamiento del homo economicus” que plantea la teoría económica convencional: “Este tipo de comportamiento pone en grandes aprietos a las herramientas que da la economía para resolver todo tipo de problemas, porque si el análisis económico no funciona en algunas facetas del comportamiento humano, ¿cómo se puede estar seguro de que funciona en los demás?”.

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