Francisco Gallego: “La visita al cementerio hace que la persona viva y sienta el vínculo con sus seres queridos”

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El 2 de noviembre la Iglesia celebra el Día de los Fieles Difuntos, celebración en la que se reza por las personas que ya han dejado la vida terrenal. Son días en los que el recuerdo de familiares y amigos que han muerto se hace más presente y es, igualmente, muy habitual la visita a los cementerios y la participación en la Eucaristía.

Sobre dicha cuestión, la muerte en la sociedad y los duelos complicados hemos hablado con Francisco Gallego, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir.

¿Por qué seguimos yendo a los cementerios de forma masiva el día de los Fieles Difuntos?

Desde el punto de vista cristiano lo hacemos porque seguimos viviendo y sintiendo el vínculo con la persona fallecida y, además, lo hacemos con presencia de oración. Por eso es importante el lugar donde descansan los restos de nuestros seres queridos.

En este sentido, lo hacemos para ser conscientes del vínculo. Un vínculo que nunca se pierde. Un vínculo que quien lo quiere vivir, lo vive, y quien no, lo sigue teniendo a pesar de que no lo viva.

¿Qué suponen estos días para el cristiano?

Estos días son una oportunidad para tener una presencia sobre nuestros seres queridos de forma comunitaria. Cada uno con su relación personal e íntima, pero en una celebración conjunta.Y esta presencia se puede hacer de diferentes maneras como yendo al cementerio, participando en misa o recordando a las personas queridas desde el corazón, entre otras.

¿Las personas suelen hablar de “superar una muerte”?

Es equivocado es hablar de superación. Una muerte no se supera, sino que es algo que se sitúa, se acoge, se centra en la persona que se ha perdido. No es algo que se tenga que resolver. No es un problema en la vida, es una experiencia vital, que, además, cambia a la persona.

Por ese motivo, es importante ver cómo cambia la persona que está de duelo, y cómo este cambio es, al fin y al cabo, la presencia de su ser querido fallecido en ella.

DUELOS COMPLICADOS

¿Qué papel tiene el profesional de la psicología en un proceso de duelo complicado?

El profesional ayuda de una forma muy importante, estableciendo una relación de escucha para que la persona, al sentirse escuchada, descubra por sí misma lo que piensa y lo que está viviendo.

Por otro lado, el psicólogo puede aportar información muy útil a la persona sobre la etapa del duelo en la que se encuentra y ayudarle, de ese modo, de una forma más precisa.

Estas fases son las de shock, negación, rabia, profunda tristeza, y aceptación. Se trata de fases que no son correlativas y que pueden ir variando de otra sin un patrón fijo. Se trata de un proceso muy personal, y cada uno tiene que descubrir su propio ritmo, ya que no hay dos duelos iguales.

¿Cuál es la mejor forma de comunicar el fallecimiento de un familiar cercano a un niño?

A un niño, la muerte se la tiene que comunicar sus personas de referencia, es decir sus progenitores o, si no pudiera ser, sus familiares más cercanos, acompañados o no de profesionales.

La persona que comunica una muerte tiene que darse cuenta de la importancia de este momento, y de que hay mucho dolor en el mismo. No pasa nada si se pierde el control y se llora, ya que de esta forma los niños se dan cuenta de la importancia de la situación.

También es muy determinante la edad del niño. Para uno de cinco o seis años, la muerte es reversible y el concepto de la misma es muy diferente al que tenemos los adultos.

Obliga a estar más pendiente.

En ocasiones, los niños ven la muerte como un abandono, como un “me ha dejado”, que puede llevar consigo, incluso, un sentimiento de culpabilidad. Por ese motivo hay que tener mucho ojo ya que no es importante solo transmitir la información en el momento, sino también -y sobre todo- ver cómo reacciona el niño a lo largo del tiempo.

Así, el duelo del niño aparece, a veces, por sintomatología depresiva, a través de actitudes agresivas o de falta de concentración. Hay que estar atento ya que en ocasiones sí es necesario un tratamiento psicológico.

¿Qué le parece el auge que en los últimos años ha cogido en nuestra sociedad la fiesta de Halloween?

Lo veo como una invasión, provocada por los medios de comunicación y por las redes sociales.

Por otra parte, tiene gracia que en su origen y etimológicamente Halloween signifique “víspera de Todos los Santos”. Pero eso se ha ido pervirtiendo por una necesidad primitiva del ser humano de hacerle burla a lo que le da miedo, pensando que de esa forma va a mitigarlo.

Así, toda la parafernalia de los zombies y los monstruos no es más que un rito para perder el miedo, transmitiéndolo a los demás. En realidad, lo que subyace de todo es la demostración del miedo a la muerte.

Por todo ello, considero que es una forma muy primitiva de manejar ese miedo a la muerte, y que sobra totalmente en nuestra cultura.

Muchas gracias, profesor.

Rubén Figueirido / comunicacion@ucv.es

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