'Brexit' y Europa: el todo es superior a la parte (Juan Eduardo Santón, Las Provincias)

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La decisión de los ciudadanos británicos de salir de la Unión Europea el pasado mes de junio ha provocado en el resto de europeos dudas respecto a que la integración sea la solución más adecuada para resolver sus problemas cotidianos. Hoy a los euroescépticos, se unen otras corrientes más radicales y extremas que proponen la ruptura mediante dos vías alternativas, la de aquellos que optan por recuperar el concepto clásico de Estado-nación; y aquellos otros que proponen una Europa conformada a través de regiones que son independientes de los estados nacionales.
 
 La Unión Europea es mucho más que una política económica, medioambiental, jurídica y social, integrada. Europa no sólo son políticas comunes, es «vida en común», es el compromiso y la responsabilidad por la preocupación por el otro, tanto de aquel que forma parte de mis relaciones cotidianas, como con todos aquellos que creen posible la construcción de un modelo social europeo basado en la libertad, el desarrollo integral de las personas y el respeto mutuo. El significado de Unión Europea no puede ser simplemente genérico, ligado a la preocupación por la prosperidad económica y el bienestar individual, sino como factor relacional que nos acerca a un modo de obrar en el mundo que tiene una meta: el bien común.
 
El resultado del referéndum nos sitúa ante la encrucijada de seguir a todos aquellos que ven el futuro como una amenaza y que prefieren retornar a sus “espacios de confort”, cerrar sus fronteras y vivir en el aislamiento; y de aquellos otros que creemos en la necesidad de construir nuevos vínculos entre los ciudadanos a través del impulso de unos valores comunes. Hacer realidad la “Europa de los ciudadanos”, requiere reconstruir aquellos valores que refuerzan nuestros vínculos y nos permiten generar comunidades de confianza. Ante la alternativa del aislamiento cabe preguntarse: ¿de qué nos sirve estar alojados en el mejor camarote del barco, si el barco se está hundiendo?
 
Hoy, los europeos debemos recordar al Papa Francisco, quien en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, señala tres principios básicos que, a mi juicio, deben formar parte de la hoja de ruta del futuro de Europa. El primero: “la realidad es más importante que la idea”. Son muchos los dictámenes, comunicados, directivas, etc. que la Unión Europea, constantemente, en sus diferentes estamentos está generando, pero en muchos casos el diálogo con los ciudadanos, que permite construir puentes entre la idea y la realidad, no ha existido.  Un ejemplo de esta situación es el desconocimiento de muchos europeos de lo que realmente supone una política común sobre la acogida de refugiados.
 
El segundo aspecto señalado por el Papa es: “la unidad prevalece sobre el conflicto”. El conflicto entre los europeos no debe ser ignorado o disimulado, debe ser aceptado, buscando la mejor forma de resolverlo y transformarlo en un eslabón de un nuevo proceso. Pero para lograr esto, requiere recordar constantemente cuál es el horizonte de Europa: el desarrollo integral de las personas. Los ciudadanos europeos debemos ser conscientes que la unión no solo es económica, es comunitaria, es relacional. Aumentar la cultura colaborativa de los europeos supone dar un giro en las bases ideológicas de unos partidos que priman el individualismo y el debilitamiento de aquellas instituciones, como la familia, que son la semilla de un espíritu de comunidad y reciprocidad.
 
El último aspecto: “el todo es superior a la parte”. La Unión Europea vive entre aquellos forofos del europeísmo, en un mundo globalizado, y todos aquellos que optan por un localismo bañado de discurso identitario y excluyente. El problema para Europa es cómo hacer compatible un desarrollo mundial más globalizado con la necesidad de reconstruir aquello que nos arraiga a un territorio y que nos conforma y nos define culturalmente. Como señala el Papa Francisco: “Hace falta prestar atención a lo global para no caer en la mezquindad cotidiana. Al mismo tiempo, no conviene perder de vista lo local, que nos hace caminar con los pies sobre la tierra” (n. 234).
 
El referéndum británico ha puesto sobre la mesa de todos nuestros gobernantes cuál es el futuro de Europa. Las primeras interpretaciones han sido realizadas desde una perspectiva economicista, pero este aspecto siendo condición necesaria no es suficiente. El reto para los ciudadanos europeos es encontrar esos valores comunes que nos permitan recuperar el sentido de europeidad y para ello es necesario, como señalaba san Juan Pablo II, descubrir nuestra identidad, y esta necesariamente pasa por recuperar los orígenes cristianos de la misma.
 

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