Ley de transexualidad de la Generalitat Valenciana (Justo Aznar, Las Provincias)

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En diversos países, y también en España, se ha promovido, o se está promoviendo, una corriente de pensamiento, apoyada por disposiciones legales, tendente, por un lado a defender el transexualismo, y por otro a promover, yo diría que, no solo el respeto a los transexuales, cosa que compartimos plenamente, sino también a la difusión de la transexualidad, como una parte importante de la ideología de género.

Para conseguir estos objetivos se han promovido en siete comunidades españolas (Andalucía, País Vasco, Navarra, Extremadura, Canarias, Madrid y Murcia) leyes tendentes a tal fin. Ahora se pretende hacer lo mismo en la Comunidad Valenciana.

Dichas leyes, o proyectos de ley, incluyen un amplio abanico de acciones que van desde el estudio del fenómeno de la transexualidad, a la implementación de textos legislativos que la sostengan y difundan, y al mejor conocimiento  de los aspectos biomédicos dirigidos a fundamentar su legitimación a la luz de pretendidas razones biológicas; pero sobre todo a la promoción en los centros de enseñanza, tanto secundaria como universitaria, de la ideología de género, como base intelectual del transexualismo, es decir a implementar una amplia panoplia de acciones que traten de consolidar el transexualismo en nuestra sociedad y especialmente en nuestros niños y  jóvenes. Pero además, para conseguir estas acciones se habilita una generosa cantidad de recursos económicos. Por ello, surge de inmediato la siguiente pregunta ¿está justificado, tal despliegue de acciones biomédicas, sociales y legales, con su correspondiente soporte económico?

En sucesivos artículos iremos analizando desde el Observatorio de Bioetica de la Universidad Católica de Valencia este proyecto de ley, pero ahora adelantamos algunas de las ideas fuerza del mismo.

  1. La ley de transexualidad encuentra su fundamentación en la “ideología de género“, uno de los pilares de la ingeniería social que busca estructurar nuestra sociedad al margen de toda trascendencia y que cuyo principal objetivo es destruir la familia.
  2. Esta ley se intenta imponer en nuestra Comunidad Valenciana, al margen, del derecho de los padres a la educación de sus hijos, derecho inalienable que trasciende cualquier disposición legal.
  3. Se quiere implantar en todos los centros educativos, públicos, concertados y privados, desde la educación infantil, es decir, se asegura que ninguno de ellos pueda estar libre de esta dictatorial disposición.
  4. Se pretende facilitar a estos niños tratamientos de “reasignación de sexo”, tanto quirúrgicos como hormonales, a una edad en la que el desarrollo corporal aún no ha sido completado, con los indudables efectos médicos negativos que ello pueda tener.
  5. No se considera el gran porcentaje de estos niños, entre el 98,8% al 70% en los varones y del 88% al 50% en las mujeres, que cuando alcanzan la madurez desean retornar al sexo que tenían al nacer, cosa que plantea importantes problemas médicos y humanos, de los que no es el menor el elevado índice de suicidios, 20 veces superior, a los de un grupo no transexual de la misma edad y sexo.
  6. Los importantes recursos económicos y  sociales que se van a habilitar para cumplir estos fines, son a nuestro juicio desproporcionados para el número de ciudadanos transexuales existentes en nuestra población, alrededor de 4.5 por 100.000, según datos sociológicos contrastados.

7. Por otro lado, ¿parecen razonables las sanciones económicas propuestas, que, si son consideradas muy graves, podrían alcanzar los 45.000 euros?

Todo lo anterior apunta a una imposición a los padres de nuestra Comunidad, que aun calificándola de forma suave, no puede sino calificarse de dictatorial, pues conculca los inalienables derechos de los padres a educar a sus hijos.

Finalmente, y pensando en los padres que podemos sufrir esta imposición legal, creo que es necesario y urgente que nos demos cuenta de lo que este proyecto de ley de transexualidad significa, y tratemos de impulsar todas las medidas legales que un estado de derecho pone a nuestra disposición para impedirlo.

Robert Spaeman, en su libro “Sobre Dios y el Mundo”, pág. 33, al tratar de definir lo que se debe considerar importante afirma: “Importante es lo que siempre es”, pues lo que siempre ha sido y es importante para los padres es la educación de sus hijos  y ahora nos la estamos jugando.

 

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