El antídoto de Tomás de Aquino contra un mundo fragmentado: ¿por qué la Iglesia necesita volver a «ordenar»? (Manuel Ortuño, Exaudi)
Noticia publicada el
jueves, 29 de octubre de 2026
Para recuperar la visión de conjunto de la fe no hace falta inventar nada: basta volver a santo Tomás de Aquino y a su manera de trabajar. La cultura actual sufre dos fracturas. El pasado se maneja como un depósito de datos y se olvida que, para un cristiano, la historia humana es historia de salvación. Y al difuminarse la idea de una naturaleza humana orientada a un fin, la vida se descompone en episodios sueltos, sin hilo que los una.
Para Tomás, ser sabio no consiste en saber muchas cosas, sino en ordenarlas. Toma de Aristóteles la sentencia sapientis est ordinare y la aplica a la teología: la doctrina sagrada es sabiduría porque considera la causa más alta, que es Dios (Summa Theologiae, I, q. 1, a. 6). Por eso no compite con la física ni con la filosofía; mira desde más arriba y sitúa cada saber en su lugar. Roto ese orden, la pastoral se vuelve sociología con buenos sentimientos y la dogmática, un catálogo de fórmulas.
La Summa ofrece además un plan. Estudiosos como Chenu lo leyeron como un movimiento de salida y retorno: todo procede de Dios por amor y está llamado a volver a Él. Tomás anuncia que tratará de Dios, del movimiento de la criatura racional hacia Dios y de Cristo, que «en cuanto hombre, es para nosotros el camino de tender a Dios» (I, q. 2, prooem.). El hombre deja de ser un átomo a la deriva y pasa a ser un viator, alguien que va de camino. La moral deja de parecer una lista de prohibiciones y describe lo que el caminante necesita: las virtudes, la ley y la gracia.
Este orden no gira en torno a un sistema, sino a una Persona. Con Cristo como camino, lo que creemos y lo que vivimos dejan de ser terrenos separados. La razón y la fe no tienen por qué enfrentarse, porque «la gracia no suprime la naturaleza, sino que la perfecciona» (I, q. 1, a. 8, ad 2), y la pastoral necesita brotar de la contemplación, fiel a la fórmula tomista contemplari et contemplata aliis tradere: contemplar y transmitir a otros lo contemplado (II-II, q. 188, a. 6).
Volver a «ordenar» no es atrincherarse en silogismos, sino conectar los puntos de la realidad para que se vea el dibujo. Hay en ello una forma de misericordia intelectual: a quien vive su vida como una sucesión de destellos sin sentido se le puede decir que hay un camino, y que alguien lo pensó también para él.