Aventuras quijotescas, ¿a quién imitamos? (Sara Martínez Mares, Las Provincias)

Aventuras quijotescas, ¿a quién imitamos? (Sara Martínez Mares, Las Provincias)

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¿Qué haría el caballero Amadís de Gaula en esta situación? Se preguntaba Don Quijote ante circunstancias difíciles. Ciertamente, podemos pensar, el Quijote estaba trastornado de tanto leer, pero Cervantes plasma de una manera un tanto quijotesca, claro, la psicología humana más básica de nuestro desarrollo personal y moral: la emulación. Quizá sea tan básico que no nos percatamos de ello; o quizá seamos voceros del romanticismo, que pregona la más absoluta libertad para el individuo humano, que se elige a sí mismo y que es auténtico, vive una vida original sin imitar a nadie, y piensa que más bien, “los demás me imitan a mí” ya que el número de “likes” de mis redes se ha disparado… ¿Cuántas veces habré luchado contra molinos de viento, pensando que era gigantes, con tal de ser original, o ser la primera?  El reverso de la moneda de esta pregunta podría ser: ¿Cuántas veces habré embestido un rebaño de ovejas, pensando que era el ejército enemigo, por imitar o desear ser como alguien a quien, quizá, erróneamente, he admirado y de quien esperaba cierto reconocimiento? ¿Aventuras quijotescas, quizá?

Scheler fue un filósofo que influyó sobremanera en muchos otros pensadores del personalismo del siglo XX. En uno de sus escritos dice que “lo que tiene un efecto creador (moldeador) e implantatorio en nuestras almas no es una regla moral universal abstracta, sino siempre, y únicamente, una comprensión clara e intuitiva de la ejemplaridad de la persona.” Por eso, “una teoría de los ejemplares personales (modelos) tiene una especial relevancia para la ética”.

Nuestra cosmovisión occidental nos invita a desechar este planteamiento debido al auge del individualismo romántico, como he dicho antes. Pero no nos equivoquemos, nuestro mundo sigue lleno de líderes y de followers, de influencers que contagian socialmente o, por qué no, a veces también invitan a pensar. Si quieres vender un producto, todos sabemos que necesitas a un modelo, pero si quieres vender una idea también se necesita estrellas del pop, más bien adolescentes, que generen cierto contagio psíquico, no digamos si quieres vender (¿o comprar?) votos… Es importante hacer la distinción entre modelos y líderes. Un líder, dice Scheler, puede ser un salvador o un rudo demagogo, puede liderar una alianza moral o una pandilla de gángsters. Un líder demanda acción, conquistas y comportamiento. Habría, pues, mucho que pensar sobre la obediencia ciega a los líderes, incluso siendo violentos, algo que a Pixar le puede parecer gracioso: el efecto minion (esbirros).

La propuesta de Scheler la traigo a escena con dos objetivos, el primero reflexionar sobre cuáles son nuestros caminos para la educación moral: ¿a través del aprendizaje de valores abstractos, de ideas legitimadoras o bonitas que sostienen algunos gurús o magnates de la industria, para las que necesitan, ¡ups!, líderes o modelos? ¿A través del aprendizaje de etiqueta, del buen ciudadano, el que cumple con su deber, ya sea realmente legítimo, o realmente friendly, o realmente fashionable? ¿Penalización social si no se cumple con las normas o los mandatos de algún gobierno de andar por casa? ¿Miedo a la exclusión? Hay métodos muy efectivos y bien estudiados para que se adopten comportamientos concretos; pero eso no es educar, sino condicionar, y no es educar moralmente, sino mantener a las personas en un colectivismo inmaduro. Mi segundo objetivo es generar un escenario donde podamos reflexionar sobre el papel del modelo en nuestras vidas. Desde otra corriente filosófica muy distinta a la de Scheler, Linda Zagzebski dice que "En cada generación y en cada cultura ha habido personas supremamente admirables que nos han mostrado lo más alto de las capacidades humanas y, haciendo eso, nos inspiran a esperar más de nosotros.” Zagzebski, de la Universidad de Oklahoma, ha elaborado una de las versiones actuales más comprehensivas en la formulación filosófica del ejemplarismo moral, publicada en su libro titulado Exemplarist Moral Theory (2017). Aunque el ejemplarismo esté ya presente en Aristóteles, la autora propone un giro peculiar: “no llamamos virtud a un rasgo porque lo deseemos, sino porque lo admiramos.

Es curioso, por tanto, que incluso aquellos filósofos morales que otorgan tanta atención a la virtud, rara vez digan algo sobre su admirabilidad o sobre la emoción que lo detecta.” La profesora Zagzebski propone una nueva teoría moral cuya peculiar fundamentación se desarrolla alrededor de personas ejemplares, antes que de conceptos o ideas; esto implica que las narraciones y descripciones sobre esa persona son moralmente reveladoras. Como muchos teóricos de la educación del carácter aceptarían, aprehendemos ideales y valores, ciertamente, pero éstos se encarnan en personas que son modelos y que nos invitan (que no condicionan) a ser como ellos, o a aspirar a vivir una vida plena. Tras esta puesta en escena el debate está servido: ¿Hay contra-ejemplares? ¿El modelo ejemplar ficticio, el de los relatos, tiene el mismo papel que el modelo real y cercano? ¿Cuáles son nuestras respuestas, además de la posible admiración ante un ejemplar? ¿La envidia? ¿El despecho? ¿El rechazo o resentimiento? ¿La admiración al ejemplar es infalible? Tras varios años de la publicación de su libro, tendremos la oportunidad de debatir con Linda Zagzebski estos temas en un workshop internacional organizado por la facultad de filosofía de la UCV los días 6 y 7 de marzo; workshop al que asisten especialistas en el campo, y en el que también participan profesores de la Universitat de València, convirtiendo a este evento en uno de los escenarios, el académico, asimismo propicio para este tipo de reflexiones.

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