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Presentación de 'Quo vadis, humanitas?'

“Cada vez más, el ser humano corre el riesgo de quedar reducido a un número, a un perfil, a una suma de datos cuantificables”

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“Cada vez más, el ser humano corre el riesgo de quedar reducido a un número, a un perfil, a una suma de datos cuantificables”

La Universidad Católica de Valencia (UCV) ha presentado en la sede Trinitarios el documento Quo vadis, humanitas?, elaborado por la Comisión Teológica Internacional (CTI) de la Santa Sede, que reflexiona sobre el futuro de la humanidad en un contexto marcado por la aceleración tecnológica, la inteligencia artificial, la crisis ecológica y los cambios culturales de nuestro tiempo. Ha realizado la presentación del texto el catedrático de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, Javier Prades, miembro de la Comisión. En relación con el avance de la tecnología actual, Prades ha asegurado que “cada vez más, el ser humano corre el riesgo de quedar reducido a un número, a un perfil, a una suma de datos cuantificables”.

“Esto no es una pura reflexión abstracta. Todos estamos identificados constantemente mediante números: el DNI, el pasaporte, la seguridad social, las cuentas bancarias, los historiales clínicos. El riesgo de objetivación está mucho más presente de lo que solemos pensar”, ha advertido.

Según Prades, la revolución tecnológica afecta al menos a cuatro niveles fundamentales de la existencia humana: “La relación con el entorno natural, la relación con los demás, la relación con uno mismo y la relación con Dios”. En todos estos ámbitos aparecen “posibilidades enormes”, pero también “riesgos muy serios”. Es en la relación “con nosotros mismos”, donde existe ese peligro de que el sujeto llegue a verse “como un conjunto de datos optimizable”. Por eso, el documento insiste en la necesidad de “reivindicar la unidad integral del ser humano en todas sus dimensiones: afectividad, libertad, corporeidad, inteligencia, vida espiritual”.

“No podemos aceptar una reducción del ser humano a una sola dimensión, especialmente a la dimensión puramente intelectiva, porque eso debilita la comprensión de lo humano y facilita una comparación equivocada con la inteligencia artificial. La antropología cristiana puede aportar aquí una comprensión más rica de la inteligencia humana, entendida no solo como cálculo o procesamiento de información, sino como una realidad inseparable de la experiencia personal, afectiva y relacional. El ser humano no puede comprenderse adecuadamente si se le separa del conjunto integral de su condición”, ha subrayado.

El documento insiste también “en la dimensión relacional, constitutiva de la persona humana”. Gracias a muchas corrientes del pensamiento contemporáneo, Prades ha afirmado que hoy puede recuperarse mejor “la idea de que el ser humano no existe aislado, sino siempre en relación con los demás. Y esto es fundamental para cualquier reflexión sobre el futuro de la humanidad”.

Contra el transhumanismo y el posthumanismo: “No es pensable una sustitución de lo humano”

El documento se detiene también, según ha apuntado este experto, en un “discernimiento crítico” de algunas corrientes de pensamiento filosóficas y culturales que “moldean hoy el imaginario colectivo”, centrándose especialmente en el transhumanismo y el posthumanismo: “Cuando se hace la crítica de estos movimientos, se hemos querido siempre  es dejar a salvo el valor de la ciencia y de la tecnología. Lo que se cuestiona es la pretensión de convertir la tecnociencia en instrumento para superar los límites biológicos y existenciales —el envejecimiento, la enfermedad o la muerte—, es decir, el sueño de un superhombre que se rediseña a sí mismo para alcanzar una especie de inmortalidad inmanente”.

Prades ha calificado la posición posthumanista de “todavía más radical”, porque “pone en duda la existencia misma de algo específico del ser humano y promueve la sustitución de lo humano por modalidades híbridas entre hombre y máquina. Podríamos ver aquí una nueva forma de fuga de lo humano, derivada de un pesimismo exagerado sobre la condición humana tal y como es en realidad”.

El documento ha buscado “acoger la instancia legítima que existe en el deseo de ir más allá, en ese ‘trans’”, pero aclarando “bajo qué condiciones puede hablarse verdaderamente de superación”. Tal y como ha expresado el catedrático de San Dámaso “no es pensable una sustitución de lo humano”. La fe cristiana “afirma, ciertamente, que el destino del ser humano está más allá de lo que puede lograr por sus propias fuerzas, pero esto no significa negar la condición humana, sino plenificarla”.

“Una humanidad que quisiera eliminar completamente la vulnerabilidad correría el riesgo de excluir precisamente a los más débiles”

Otro punto decisivo para el catedrático de San Dámaso es “no perder nunca de vista” el carácter de “misterio” propio de cada ser humano: “La persona no puede ser descrita exhaustivamente como un objeto. El hecho de que el ser humano no pueda agotarse en una definición no es una debilidad, sino precisamente un signo de su dignidad y de su profundidad. El nacer, el vivir y el morir siguen siendo experiencias de misterio”.

“Ni la cultura hipertecnológica ni el transhumanismo respetan verdaderamente la vulnerabilidad humana, porque están pensados desde el ideal de una humanidad invulnerable. Pero una humanidad que quisiera eliminar completamente la vulnerabilidad correría el riesgo de excluir precisamente a los más débiles. La vulnerabilidad forma parte constitutiva de la condición humana”, ha recalcado Prades.

Así, Quo vadis, humanitas? no quiere limitarse “a denunciar riesgos ni a poner obstáculos al desarrollo tecnológico”. Quiere también proponer una experiencia humana “concreta”: una experiencia “del tiempo, del espacio, de las relaciones, del cuerpo y de la trascendencia que pueda vivirse históricamente”. Y sostiene, tal y como ha indicado este experto que esa experiencia “existe realmente en la vida de la comunidad cristiana, en la vida de la Iglesia, con toda su riqueza”.

Anular la “apertura a la trascendencia”, o descubrir “que estamos más necesitados que nunca de ella”

El arzobispo de Valencia y gran canciller de la UCV, Enrique Benavent, ha asegurado en la presentación de Quo vadis, humanitas? que este documento se halla “en sintonía y en continuidad” con las enseñanzas del Concilio Vaticano II, sobre todo con la Constitución Gaudium et Spes: “Nunca el hombre ha tenido un desarrollo científico y tecnológico tan grande y nunca se ha sentido más amenazado. Nunca el hombre ha tenido un sentido tan grande de su libertad y nunca ha sentido que esa libertad estaba más amenazada”.

“Desde un punto de vista antropológico, el Concilio presenta a Cristo como el hombre perfecto y pienso que este documento también aborda esta perspectiva. En ese sentido, la comprensión que el hombre tiene acerca de sí mismo depende también muchas veces del contexto cultural en el que vive, y el actual puede tener dos consecuencias: anular nuestra espiritualidad, nuestra apertura a la trascendencia, o hacernos caer en la cuenta de que estamos más necesitados que nunca de ella”, ha subrayado.

El futuro humano depende “de la capacidad de mantener unida la verdad sobre el hombre y la apertura a Dios”

Por su parte, el rector de la UCV, José Manuel Pagán, ha afirmado que para la universidad resulta “clave” reflexionar sobre “qué significa seguir siendo humanos” en una época en que “la técnica parece capaz de redefinir al propio ser humano”; cuestión que el documento de la Santa Sede afronta “con serenidad intelectual y profundidad teológica”. En ese sentido, ha asegurado que Quo vadis, humanitas? ofrece una intuición decisiva: “El futuro de la humanidad dependerá de la capacidad de mantener unida la verdad sobre el hombre y la apertura a Dios”.

“Cuando Dios desaparece del horizonte, también el hombre acaba volviéndose incomprensible para sí mismo. Pero cuando el hombre descubre que su vida es vocación y don, entonces incluso el progreso técnico puede integrarse en un auténtico humanismo. Por eso, este texto tiene una importancia especial para una universidad. No es sólo un documento teológico; es una invitación a pensar nuevamente qué significa educar, investigar y construir cultura al servicio de la dignidad humana”, ha aducido.

Desde la filosofía y la teología, pasando por el derecho, la medicina y la economía, hasta la educación o la tecnología participan “de una misma tarea”, en opinión de Pagán: ayudar a que el hombre “no se pierda a sí mismo en medio de sus propias conquistas”. La “verdadera grandeza” del progreso no consiste únicamente “en aumentar el poder humano”, sino en “hacer más humana la vida del hombre”.

En la presentación también ha participado Eduardo Ortiz, decano de la Facultad de Filosofía, Letras y Humanidades.

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