Sobre los menores en Urda: "Que un niño llore por un familiar y, a los 5 minutos, pida la merienda, no significa que no sufra" (Esperanza Dongil, ABC)
Noticia publicada el
sábado, 31 de octubre de 2026
Poco o nada se ha hablado de los menores que, o bien viajaban en los trenes accidentados en Urda, y han presenciado imágenes dantescas, o los que, por desgracia, han perdido a algún familiar. Pero «llueve sobre mojado». Así lo afirma Esperanza Dongil, autora de la guía psicológica elaborada para los niños y adolescentes afectados por el accidente ferroviariode Adamuz que, lamentablemente, vuelve a ser una herramienta útil también para acompañar a los que esta semana han perdido a un familiar en la tragedia de Toledo. Su objetivo ahora, explica esta psicóloga, profesora universitaria e investigadora, «es el mismo: ayudar a que los síntomas que pueden experimentar los más pequeños disminuyan o, incluso, se consiga evitar se transformen en algo más patológico, como el estrés postraumático».
Dongil, quien formó parte durante años del Grupo de Catástrofes de la Comunidad Valenciana y ha intervenido en distintas emergencias, entre ellas el accidente de metro de Valencia de 2006, insiste en que lo más urgente es «que a los menores que han perdido a su padre, a su madre o a otro familiar cercano en esta ocasión, se les proporcione protección emocional. Necesitan sentirse muy cerca de sus seres queridos, especialmente de las personas con las que tienen un vínculo más estrecho. Necesitan también muestras de afecto, cariño, abrazos y acompañamiento, porque eso les proporciona estructura».
Los niños, insiste, «deben sentirse seguros, y observar que sus figuras de apego están más o menos tranquilas o más o menos reguladas, vamos a decir, en una situación que no es normal». Esto no quita para que los adultos «expresen tristeza o puedan perder momentáneamente la compostura algo que -tranquiliza- «si es puntual tampoco tendría consecuencias negativas. Es inevitable y tampoco pasa nada».
Para esta experta, curtida también en la Dana, uno de los principales retos para las familias es identificar el sufrimiento de los menores, que «no siempre saben expresar con palabras lo que sienten y que además se fatigan fácilmente a nivel cognitivo, no sólo a nivel físico». Por eso, la psicóloga recomienda «prestar atención a cualquier cambio en su comportamiento, no voy a decir anómalo, pero sí llamativo, como que no quieran jugar, no quieran estar con otros niños o se muestren más retraídos. También puede ser que experimenten regresiones, como que vuelvan a pedir cosas que ya no pedían o se aferren mucho a su madre, al padre o a un hermano mayor».
Los niños, especialmente los más pequeños, aclara, «expresan sus emociones a través del juego y del dibujo, especialmente los más pequeños. En cambio en los preadolescentes y adolescentes pueden aparecer comportamientos más agresivos, una fuerte irritabilidad y oscilaciones emocionales, como que de pronto estén muy contentos y luego muy enfadados. Yo destacaría, sobre todo, la importancia de observar si se presentan este tipo de actitudes que no son frecuentes o normales en ellos», señala.
Evitar sobrecarga de imágenes
La especialista recuerda que los menores tienen más dificultades que los adultos para sostener emocionalmente el sufrimiento, pero que eso no es óbice para que estén atravesando mucho malestar. «Un niño puede estar muy afligido, aunque no entienda bien el concepto de la muerte, llorar y preguntar por un familiar desaparecido y, de pronto, a los cinco o diez minutos, pedir la merienda. Eso no significa que no le importe lo sucedido o que tenga falta de apego. Lo que demuestra es la dificultad que tiene, por su momento evolutivo, para sostener lo que está sintiendo».