Semblanza de Eduardo Primo Yufera. Por Asun Gandía, rectora de la UCV

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Con motivo del centenario del nacimiento de D. Eduardo Primo Yúfera desde la Universidad Católica de Valencia y otras instituciones hemos querido rendirle justo homenaje.

Científico; consejero y presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); fundador del Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos de Valencia; Cátedra de Química y Análisis Agrícola en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Valencia; presidente del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de los Alimentos; vicepresidente de la Unión Internacional de Ciencia y Tecnología de los Alimentos; miembro del World Academy of Art and Science; académico de Número de la Real Academia de Medicina y del Instituto de Ciencias del Hombre; académico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; Decano de la Real Academia de Cultura Valenciana, miembro fundador del Capítulo Español del Club de Roma…

Estas son sólo algunas de las responsabilidades que le fueron confiadas al Profesor Eduardo Primo Yúfera a lo largo de su carrera profesional, sin mencionar los diversos premios y galardones con los que se reconoció su trabajo.
Asomarse -siquiera brevemente- a la labor desarrollada a lo largo de su vida es evidenciar la profunda huella que dejó en la investigación nacional e internacional, que legó en su prolífera producción científica y que sirvió de impulso para tantos discípulos y compañeros.

Pero, como sólo sucede con aquellos que poseen la grandeza de reconocer su pequeñez, su ejemplar trayectoria profesional va intrínsecamente ligada a su ejemplaridad humana: trabajó siempre a favor de la dignidad humana. Como escribió de él Federico Mayor Zaragoza: “dedicó su vida a intentar remediar tantos entuertos, a remendar tantos desgarros, a promover la solidaridad”.
Como buen católico evidenció, con su vida, la parábola de los talentos del Evangelio de San Mateo.

Sus grandes dotes para la enseñanza, heredadas de su padre, el maestro Primo Marqués, le hizo ver con nitidez la fructuosa sinergia entre universidad y empresa, promoviendo la investigación básica. Su mente y su forma de trabajar confirmaban algo que aún hoy estamos tratando de re-inventar en las Universidades: la dualidad docente-investigador, extrayendo todo el potencial investigador de los docentes y el potencial docente de los investigadores.

Su talento e inteligencia iban siempre acompañados de perseverancia y humildad. Y es que, recordando una cita de Albert Einstein, Eduardo Primo Yúfera “no intentó convertirse en un hombre de éxito, sino que intentó convertirse en un hombre de principios”.

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