Diada valenciana (Cardenal Arzobispo Antonio Cañizares, La Razón)

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Nueve de octubre: se celebra este día singularmente la conquista de Valencia por el Rey Jaime I y el haber sido restablecida de nuevo la fe cristiana en Valencia, eliminada o marginada por el dominio del poder invasor; en ello va implicada la acción de gracias por haber sido reavivadas sus raíces cristianas que sustentaban antes al pueblo valenciano.

La conquista de Valencia por Jaime I restaura la diócesis e inicia un periodo en el que las implicaciones del cristianismo en los aspectos humanos, políticos, culturales y sociales constituyen parte esencial de la historia de Valencia. Porque aquel 9 de octubre de 1238, fiesta de San Dionisio, se constituyó el Reino cristiano de Valencia. A partir de la rendición de los poderes que dominaban nuestra ciudad y nuestros pueblos y la consagración de este templo a María, representada en el icono de la Virgen que se conserva en la sacristía de su Catedral -consagrada este día en el que empieza el Reino de Valencia, y que venía acompañando al Rey Jaime-, el pueblo de Valencia comenzó a vivir, de nuevo, el gozo de la gran gesta, la suprema gesta, que Dios ha hecho a favor de la humanidad: darnos a su propio Hijo, nacido de la Virgen María, por obra y gracia del Espíritu Santo.

Lo primero que hace Don Jaime, el Conquistador, es que Valencia recupere la fe cristiana en donde estaban antes sus raíces más propias: ese día, la primera decisión fue consagrar la catedral, nombrar al obispo, y volver la Iglesia a ser Iglesia en Valencia.

La conquista de Don Jaime I marca pues un momento clave. Entramos a formar parte de nuevo de la cristiandad, es decir, de la Europa cristiana. Ese origen marcará la línea continuada a lo largo de nuestra historia, y es, por tanto, un reto para nuestro presente y futuro. La Iglesia en Valencia, con la memoria agradecida por el don de Dios, reafirma en su catedral, en este día de tantas y tan dichosas resonancias históricas, su fe en Jesucristo, Salvador, el Sí de Dios al hombre, su redención y salvación: ante Él se sitúa la historia humana entera, nuestro hoy y el futuro del mundo son iluminados por su presencia. El hombre descubre el misterio de su propia vida, la vida del hombre se ensancha y recobra el vigor perdido; en Él halla su verdad todo proyecto encaminado a hacer la vida del hombre cada vez más humana. Jesucristo es lo mejor que le ha podido pasar a la humanidad y, para nosotros valencianos, lo que en este día celebramos es con mucho el acontecimiento más importante de nuestra historia como pueblo que tiene sus cimientos y se construye desde un proyecto de vida, el de Jesucristo, que nada ni nadie nos puede arrebatar, salvo que se quiera abocarlo a su fracaso como pueblo al que, con los hechos que este día agradecidamente ante Dios y los hombres rememoramos, se le ha abierto ya un gran futuro de libertad, de paz, de concordia, de reconocimiento de la dignidad de la persona humana de todo ser humano, de solidaridad y acogida de los más pobres, de amor, de misericordia, de humanismo genuino, de perdón sin venganzas ni odios, de unidad sin discriminaciones ni exclusiones de nadie, feliz con la felicidad que anticipa las promesas de Dios que veremos cumplidamente en el Reino de los cielos.

Este día, como aquel entonces del siglo XIII, hace 780 años, nos incumbe a los miembros de la Iglesia que está en Valencia trabajar con todos los hombres en la edificación de un mundo más humano y justo, nuevo, ya que la comunidad cristiana o Iglesia es una porción del mismo pueblo en que vive, transformado por el Espíritu Santo. Los miembros de la Iglesia estamos llamados a hacer posible, codo con codo con otros, que surja una humanidad nueva hecha de hombres y mujeres nuevos con la novedad del Evangelio; esto es, estamos llamados a evangelizar, a proclamar y vivir un nuevo estilo de vivir, que es el Evangelio de la alegría y de la caridad, de la esperanza y la libertad, de la verdad y de la vida, de justicia del reconocimiento de Dios y pertenencia a su Reino, que es Jesucristo, Evangelio vivo de Dios para los hombres todos.

La historia de nuestro pueblo valenciano nos enseña que la fe cristiana no se ha opuesto al cultivo de los valores culturales y al desarrollo social de nuestro pueblo, sino que lo ha potenciado y purificado. La vinculación del Evangelio con el hombre ha sido con frecuencia vínculo de creación de cultura, de paz, de reconocimiento de derechos humanos fundamentales, en suma, de bien y de bienes. Por todo esto, por el don de la fe, por haber recuperado la fe y la cristianía, el 9 de octubre damos gracias en Valencia y entonamos, al final de la Eucaristía de este día, el canto del Te Deum. Esto es lo primero y principal de esta celebración. Todo el pueblo de Valencia, simbolizado en su Senyera que portan los miembros de Lo Rat Penat, entra en la iglesia catedral para dar gracias, para prorrumpir en cantos y músicas de alegría: esto es lo más antiguo, tradicional y genuino de este 9 de octubre, que distinguió el Rey Jaime I con la dedicación de la catedral. Imploramos la bendición y protección sobre la Comunidad Valenciana de la Mare de Déu que acompañó al Rey en aquella reconquista.

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