24 años con Gregorio Ordóñez (Carlos Novella, Las Provincias)

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La política es un servicio a los demás que requiere de un compromiso moral y ético. Este compromiso va dirigido hacia la elaboración y consecución de proyectos sociales que hagan felices a las personas en un ambiente de seguridad y respeto mutuo. Así podemos entender la responsabilidad que requiere dedicarse a la política. Cuando el horizonte es otro, los caminos también son otros y las metas, a veces, distan en gran medida de lo que las personas aguardan con esperanza e ilusión, como luz en su incertidumbre al confiar su voto a un grupo político determinado. Los españoles necesitan políticos que entiendan la política como un servicio al bien común donde el trabajo conjunto y consensuado sea el ejemplo de la convivencia ideológica democrática. En España nos encontramos con numerosos frentes abiertos en los que este entendimiento no se da, convirtiendo el espacio político en una amalgama de batallas ideológicas trasnochadas y de griterío por conseguir el reino y el trono a costa de lo que sea. A costa de los ciudadanos de bien, por ejemplo, no. Aún así, tengo la creencia firme en que existen los políticos excelentes, aquellos que ven la política como ese preciado servicio de duración moralmente limitada para hacer felices a los demás. Lo preocupante es que de momento en estos últimos 15 años han proliferado, en gran parte de la política española, personas que buscan privilegios personales y no compromisos éticos. El listado de personas políticas excelentes es amplísimo pero, como decía, en estos últimos años se ha hecho un hueco, a base de codazos, una vertiente política propia del reino de Maquiavelo o del pan y circo que es más antigua pero con los mismos ingredientes. Otra política en España es necesaria. Una política que despierte en sus ciudadanos y en otros países la admiración por el trabajo bien hecho. Nuevas alternativas parece que van surgiendo integrando proyectos para desterrar el reino de la baja política maquiavélica y así arropar la sencilla y virtuosa  política del servicio a los demás.

Me vienen a la mente políticos de gran talla moral y ética, de diferente ideología, que han sido un ejemplo en su momento pero que son el ejemplo que ahora necesita la política española. Entre ellos, destacaría, en esta ocasión, la figura y el legado de Gregorio Ordóñez rescatando de él dos frases, entre muchas otras, que recientemente en un espacio virtual he podido leer:   “el problema de ETA se acabará cuando todos le plantemos cara” y “queremos paz, trabajo y honradez”. Sin duda que tienen su tiempo pero son de increíble actualidad. La primera de ellas viene a colación de un proceso iniciado desde el 2004 en el que el horizonte de algunos políticos fue evitar la confrontación con el entorno político etarra permitiendo así de forma indirecta el “blanqueo” continuado de sus acciones en las que asesinaron a personas inocentes. La pregunta que debemos hacernos es, ¿el recuerdo del asesinato de casi mil personas por parte de ETA sigue vigente en los políticos de ahora? O, ¿está aquella premisa de lo mejor para todos para  así avanzar es que hay que olvidar, pasar página? No fue una guerra sino asesinos con armas que disparaban a personas de paz con las manos vacías. Es humillante que continúen sin ningún tipo de freno político los homenajes a asesinos etarras de mujeres, hombres y niños inocentes. Es el mundo al revés aquí en España. Lo que debería impulsarse cada día serían los homenajes a cada una de las víctimas del terrorismo y a sus familias. Esto es lo que harían los políticos de excelencia moral y ética, los políticos con humanidad. Gregorio Ordóñez es uno de ellos como también hay ejemplos de personas de otros partidos políticos democráticos que plantaron cara a ETA. ¿A quién plantan cara hoy algunos políticos? Con estas concesiones a homenajes a asesinos, lo están haciendo a las víctimas de ETA, a sus familias y a los ciudadanos con la esperanza de una política de excelencia por su incertidumbre. Lo dicho, el mundo al revés.

Alguien que me recuerda a esas palabras de Gregorio es su hermana Consuelo que arriesgando su vida sigue plantando cara a ETA y a sus blanqueadores en cada homenaje a los asesinos, ya sea personalmente ya sea advirtiéndolo a través de las redes sociales. No hay día que me levante en la que, gracias a asociaciones como COVITE, pueda recordar a una víctima de ETA que fue asesinada ese mismo día. Como ella estoy seguro hay muchos otros ciudadanos que están eclipsados por la inacción, la desidia y la permisividad política frente a la burla de los homenajes etarras. Mientras las miradas se fijan en la política excluyente y sectaria del independentismo catalán, los homenajes a etarras proliferan, aprovechando así la distracción para presentarse a las nuevas generaciones como víctimas del Estado. Esto es lo que van a aprender sino se pone fin, que ETA fue una víctima, paradójicamente, de la democracia y la libertad de millones de españoles. Esto es lo que se denomina blanqueo, que sea ETA quien escriba la historia de su terrorismo y asesinato. Lo peor no es que exista el mal sino que los que creen en el bien no hagan nada para derrotarlo. Como diría Gregorio los ciudadanos “queremos paz, trabajo y honradez”. Esto es posible si uno está convencido de poder lograrlo y, para ello, vendría bien rescatar frases como la de otro político español del siglo XX al pronunciarse advirtiendo que prefería decir la verdad a la ambigüedad calculada, es decir, a la honradez frente a la coletilla que algunos políticos a lo largo de la historia han acuñado “por razones de Estado” donde en estas razones prima más lo inmoral y se oculta la verdad. Sin duda, son 24 años los que han pasado con Gregorio Ordóñez desde su asesinato a manos de ETA, no sin él. Albergo la esperanza de que los políticos de nueva generación que llegan, al menos lo tengan presente en sus decisiones por la esperanza y el servicio a la ciudadanía española. Yo me sumaré a ellos.

Carlos Novella García, profesor de la Facultad de Magisterio y Ciencias de la Educación de la UCV.

 

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